Falta tan poco para que levante vuelo el 2019 y parta con un rico e intenso sabor a familia y encuentros, momentos únicos en Berlín, Praga y aquí.
Pero también se va sencillo, o más bien dicho piolita, pero no por eso menos cargado de aprendizajes, crecimiento y de esas cotidianas nostalgias y lejanías.
¡Agradecida! Nada de qué quejarse, aunque motivos puede que no falten, pero ¿qué sentido tendría hacerlo cuando tan de cerca la vida a otros les pone a prueba y les lleva al límite?
Es entonces cuando se impone como necesario el pensar en el otro, en ese uno-otro que porque las instituciones no funcionan siente en carne propia que su vida se achica y ve cada día cómo se le acerca la parca, o por quien se juega por sus convicciones y no teme denunciar inequidades, abusos, corrupción y violencia y que al exponerse, porque dice lo que vive y piensa, acepta el desafío que hacerlo conlleva; por quien es discriminado por venir de otro lugar al no poder vivir en el suyo propio o porque su dios no es el mismo que el dios del de al lado o lo que es peor, que a nombre de Dio sufra ataques porque en su intimidad de mujer optó no ser madre o porque su opción sexual es distinta a la del otro.
Como el mirlo, el 2019 pronto levantará vuelo, pero ojalá que con el no se pierda el sentido de alteridad, tan necesario y que donde no esté presente, antes de que se vaya sean muchos los que lo adquieran.