con sus ochenta y algo recorridos piensa en el vacío de la ausencia. Ya no le quedan amigos, se han ido.
Cuando la vida se encarga de alejarlos mientras que alienta a otros, como él, a que sigan el camino, las soledades crecen en proporción a las tristezas que se acentúan o viceversa, en un tiempo que ya no importa la diferencia, o da lo mismo por ser lo mismo.
Y se aferra a la mano de su compañera, ella sigue, le sigue y el la sigue.
Y se obliga a que cada día tenga una rutina, un estímulo que le obliga.
Y sonríe al día porque ama la vida aunque sea ella la que se aleja de sus amigos. Y le agradece a ella por el sol que cada día traspasa el vidrio y medio lo festeja como si fuera su día, para en esa fiesta ahuyentar a la tristeza y mantener el recuerdo de los que se han ido que le acompañan en cada trazo, en la palabra, en el silencio de sus sonidos.
Cuando la vida se encarga de alejarlos mientras que alienta a otros, como él, a que sigan el camino, las soledades crecen en proporción a las tristezas que se acentúan o viceversa, en un tiempo que ya no importa la diferencia, o da lo mismo por ser lo mismo.
Y se aferra a la mano de su compañera, ella sigue, le sigue y el la sigue.
Y se obliga a que cada día tenga una rutina, un estímulo que le obliga.
Y sonríe al día porque ama la vida aunque sea ella la que se aleja de sus amigos. Y le agradece a ella por el sol que cada día traspasa el vidrio y medio lo festeja como si fuera su día, para en esa fiesta ahuyentar a la tristeza y mantener el recuerdo de los que se han ido que le acompañan en cada trazo, en la palabra, en el silencio de sus sonidos.