Estoy de un triste que me traspasa,
transversal y visceralmente,
transversal y visceralmente,
me traspasa esa fuerza con que arrasa,
que destruye sin mediar contemplación alguna,
que deja
donde había vida,
silencio,
donde había risa,
llanto,
donde había verde,
escombros.
Estoy de un triste que me traspasa,
porque vino para quedarse y en segundos sembró dolor y carencia; porque no están más los que por aquí pasaron y ya no responden cuando se los llama, mientras el eco que quedó del jolgorio y del sonido de sus voces repite sin cesar "no volverán, no volverán...", hasta el cansancio, hasta pensar en anunciados castigos, en rezos "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa" que me obliga a mirar al cielo donde no hay nada ni nadie y me repito que nada es bueno, que no hay ni Dió ni santos de esos que decían que salvaban, y no es que blasfemo, sólo que ya lo perdí todo, hasta la esperanza, la poca que me quedaba. Por eso estoy de un triste que me traspasa y no puedo evitarlo.
silencio,
donde había risa,
llanto,
donde había verde,
escombros.
Estoy de un triste que me traspasa,
porque vino para quedarse y en segundos sembró dolor y carencia; porque no están más los que por aquí pasaron y ya no responden cuando se los llama, mientras el eco que quedó del jolgorio y del sonido de sus voces repite sin cesar "no volverán, no volverán...", hasta el cansancio, hasta pensar en anunciados castigos, en rezos "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa" que me obliga a mirar al cielo donde no hay nada ni nadie y me repito que nada es bueno, que no hay ni Dió ni santos de esos que decían que salvaban, y no es que blasfemo, sólo que ya lo perdí todo, hasta la esperanza, la poca que me quedaba. Por eso estoy de un triste que me traspasa y no puedo evitarlo.