ciertos días cuando la ciudad se adorna y el corazón se alegra, el frío del invierno no importa;
el encuentro con la cordillera es un privilegio, la lluvia limpia el aire de partículas tóxicas y el cielo aparece sin velos.
Macizo cordillerano le dicen a esa belleza que en invierno se viste de blanco y deja que la besen los rayos del sol
y que desde su nido de cielo ha sido testigo de la historia que esta ciudad vivió.