A veces y sólo a veces
la vida te despierta del letargo
con una voz que aparece de la nada
y te llama y te acompaña.
Pero a veces y sólo a veces
queremos escuchar alguna voz lejana
y nos conmovemos como si fuera propia
y nos entregamos como si fuera amada.
Y es entonces, que por única vez
nos reconocemos en el otro cuerpo
integramos sus sonidos y sus gestos
y desplegamos las alas de pájaro solitario
para cubrirnos de a dos en un solo vuelo.