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Marzo 31. No puedo precisar la hora; en el muelle no hay gente y hace días que no me sirve el reloj.
Me arreglo el gorro, me protejo las orejas. En el horizonte se esbozan sombras de barcos que se alejan. Siempre quise trabajar en uno, pero mi pierna inútil me lo impidió.
Miro hacia atrás, un hombre se acerca; su figura joven se contrapone con el rostro pálido y envejecido y cojea de la pierna derecha . Cuando estamos frente a frente siento algo así como un metal helado que recorre mi espalda, intento hablarle pero siento su mirada fría e intensa que no me deja.
En el horizonte, ya no se distinguen los barcos y el sol se oculta dejando una estela luminosa dorada.
Enfrento al hombre y me veo a mi mismo, enjuto y frío. Hoy es el último día, sumo la vida, los amores y también los sinsabores. Es el momento de hacer presente este, el último recuerdo.
Caminamos al infinito el hombre y yo, fundidos en un rayo de sol.
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Enfrento al hombre y me veo a mi mismo, enjuto y frío. Ahora comprendo que el salto desde el muelle fue fatal; ahora sólo queda recoger este último recuerdo.
Marchamos al infinito, el hombre y yo, fundidos con el último rayo de sol.
24 comentarios:
Bravo!
Este texto es perfecto!
El minuto final frente al otro que es uno mismo!
Chapeu!
besos
la última singladura
tú eres el capitán del barco
el infinito está más allá del mar...
... y es horizontal
un beso
Totalmente de acuerdo con el anterior posteo. Enfrentarnos a nosotros mismos y nuestra vida toda...y el balance
Un abrazo y muy bonito como siempre
A última hora es lo que nos queda... nosotros mismos.
Besos!
HERMOSO RELATO
PASABA POR ACA Y ENTRE
VOLVERE.
si, Lena, Dashina, Mar y Sol es así, la inevitable constatación de estar a solas con uno mismo, ya no hay nada más, sólo el infinito hay en esta singladura, como bien dices Camille.
gracias a todos por venir!
gracias Mary, te espero nuevamente
Caramelo, te he dejado deberes en mi casita, pásate a recogerlos!
Besos
Tal vez ese hombre que te acompaña sea tu propia sombra, o tu propio otro yo interno, y juntos recorreís el camino del ocaso...
Un abrazo.
Me ha gustado mucho, ese poder que es la palabra bien escrita, me encanta. Besos.
Bello y misterioso el encuentro con el otro que somos o fuimos, a la hora de zarpar.
En cada puerto una mujer espera..... mmmm interesante mmmmm
Me resultan extrañas las figuras....
No es facil enfrentarse a uno, ¿que haces con los miedos? ¿con esas decisiones que no tomas o no te decidiste a tomar?. Es dificil enfrentarse y caminar de la mano, demuestra mucha valentía aquel que pueda hacerlo.
Un beso
Bellas palabras, un relato muy profundo.
La foto con los marineritos genial.
Saludos
Hola!!! mi casita cumple un año!!! y quiero festejarlo contigo... en mi espacio hay un regalito para ti!
un abrazo
Enfrentarnos a nosotros mismo puede ser el más grande reto que tenemos en esta vida y por más que lo intentemos, jamás escaparemos de ese desntino...
Hermoso texto, saludos.
Una narración muy dramática. Al final, nos veremos las caras a nosotros mismos y así partiremos, solos con nuestra soledad.
Un abrazo
El muelle es el lugar de la partida...incluso para los que nunca embarcaron.
Nos gusta mirar al mar porque nos enfrenta a lo que nos excede. Pero solo mirarnos a nosotros mismos es mirar mirar a la gran incognita.
Encontrarnos en nuestra propia mirada...
con nuestros silencios
y soledades...
hermoso!
besos
La pluma sola se me va, paso por párrafos sin mover una letra. Todo es perfecto como dice lena, funciona.
En un momento la pluma escribe:
"Enfrento al hombre y me veo a mi mismo enjuto y frío. Hoy es el último día, sumo la vida, los amores y el cieno de los fondos oscuros, sumo las anclas y las velas.
Es el momento, el silencio nos queda, el silencio y este umbroso relente que se acerca.
Emprendemos el camino el hombre y yo, fundidos en un rayo de sol."
A veces siento esta atracción de escribir sobre el texto de otros, de que otros emborronen mis palabras con las suyas mezcladas.
Muy bello tu post Caramelo y gracias por tus visitas al mío
pienso José María, que en ese momento no hay miedos; talvez la aceptación previa del inminente final, el llegar al camino del ocaso, como dice Ignacio o el encuentro con el otro que somos cmmo lo define Catalina son la herramienta para ahuyentar el miedo.
¿Si podemos vivir el día a día ahuyentando miedos, alejándolos para sentirnos vivos, entonces también no será posible también alejar los miedos al final del día para acogernos a ese sueño eterno?
¡Qué hermosa recreación del texto, Juan Soriano!; en el dices cosas que he pensado que deben sobrevenir en ese momento y no he sabido como expresarlas: el resumen de la vida y lo vivido; el gran silencio, suma de todos los silencios que nos han llenado o nos han vaciado y finalmente esa sensación que seguramente es de bruma, de frío húmedo que envuelve y oscurece.
Gracias.
Tu relato buenísimo. Tu blog, interesante.
Shanty
El pasado y el presente se juntan, los sueños se confunden con las realidades, hoy él es dueño de su barco y lo lleva a donde quiere, al infinito.
Un abrazo.
El reflejo de uno mismo, nos enfrenta de una manera cruel con nuestra realidad...y si esa realidad la lanzamos al mar, el mar acaba devolviendonosla...implacable...certero...allí estará nuestra imagen en la playa, tumbada sobre la arena...para que los niños hagan montoncitos de arena con ella...me gusta tu blog, profundizas en las esencias....un abrazo de azpeitia
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