Según me han contado mi madre, en esta casa a la que le erosionó la vida, vivía un cura muy pobre que dibujaba mapas, mi abuelo ingeniero lo conocía. Eso hace más de sesenta años.
Está tras un muro, más atrás de otra casa.
Algunas veces, la única vieja pared visible desde la azotea se ilumina con esa tonalidad especial de algunas tardes.
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