lunes, 30 de diciembre de 2019

Alteridad


Falta tan poco para que levante vuelo el 2019 y parta con un rico e intenso sabor a familia y encuentros, momentos únicos en Berlín, Praga y aquí.

Pero también se va sencillo, o más bien dicho piolita, pero no por eso menos cargado de aprendizajes, crecimiento y de esas cotidianas nostalgias y lejanías.

¡Agradecida! Nada de qué quejarse, aunque motivos puede que no falten, pero ¿qué sentido tendría hacerlo cuando tan de cerca la vida a otros les pone a prueba y les lleva al límite? 

Es entonces cuando se impone como necesario el pensar en el otro, en ese uno-otro que porque las instituciones no funcionan siente en carne propia que su vida se achica y ve cada día cómo se le acerca la parca, o por quien se juega por sus convicciones y no teme denunciar inequidades, abusos, corrupción y violencia y que al exponerse, porque dice lo que vive y piensa, acepta el desafío que hacerlo conlleva; por quien es discriminado por venir de otro lugar al no poder vivir en el suyo propio o porque su dios no es el mismo que el dios del de al lado o lo que es peor,  que a nombre de Dio sufra ataques porque en su intimidad de mujer optó no ser madre o porque su opción sexual es distinta a la del otro.

Como el mirlo, el 2019 pronto levantará vuelo, pero ojalá que con el no se pierda el sentido de alteridad, tan necesario y que donde no esté presente, antes de que se vaya sean muchos los que lo adquieran.


domingo, 20 de octubre de 2019

Cuando el corazón se aprieta y se achica

Entonces es cuando me percato que me cuesta tanto entender los códigos de acá, que no fluyen naturalmente y me siento más de allá.

El nacer en un país no te hace de él, es la vida cuando la has vivido intensa, tangible, llena de afectos, de eternas charlas y reflexiones francas, sin tapujos ni miedos y de sentires comunes compartidos;  es esa vida la que te hace y te brinda el sentido de pertenencia a un lugar.



jueves, 8 de agosto de 2019

Impresión, sol naciente

De esta pintura había una reproducción en la casa de mis abuelos, la veía casi a diario, si no todos los días y me quedaba absorta pegada a esa proyección de la luz en el agua. Con ella aprendí sobre Monet cuando bien chica, y aprendí sobre el impresionismo y aluciné con lo que hicieron sus representantes...aún lo hago y divago sobre la habilidad para captar la luz y las formas en un determinado instante, en ese, no en otro.

Sin siquiera comparar, pero jugar con una cámara en algo se aproxima y se parece, sólo que no tiene lo perenne de la tela, el rastro del pincel, la espátula y el olor a pintura (amo el del óleo, aún no me convence el acrílico) y la capacidad de transmitir sensaciones del momento (debería volver a sentirlos, tocarlos, reconciliarme con el regalarles tiempo a esos materiales....)

domingo, 14 de julio de 2019