sábado, 15 de marzo de 2008

traida por emisario

Querido,

No te pregunto como estás porque sé que todo está bien para tí; también sé que nada te perturba ni te emociona y comprendo que tu capacidad de ser máquina sin tiempo, productor de emociones ajenas, relator de azañas lejanas ha logrado imponerse por sobre todo sentimiento.

Hoy sigo sola y mi corazón ya no se emociona como hasta ayer imaginando tus manos, mis labios ya no desean tu boca y mi alegría, esa que reclamabas no conocer se ha hecho presente y finalmente ha vuelto a ser mi compañera.

Esta mañana abrí los ojos y un rayo de sol me dio un beso. El árbol junto a la ventana parece cajita de música y sus habitantes saltan de rama en rama en un juego interminable. Los miro y me regocijo con ellos.

¿Que si fue bello lo nuestro? Escucho esa pregunta en tu voz aunque no la pronuncies. Talvez lo fue, no lo recuerdo, pero si escucho mi propia risa vacía mezclada con tus palabras siempre bien dichas, perfectamente pronunciadas como en cada uno de tus escritos. No, no creo que lo fue si es a la belleza de tu regocijo a la que te refieres, porque mientras yo reía tu tejías historias ajenas sin darte cuenta que con mi risa quería que tejiéramos juntos la nuestra. No, no lo fue aunque parezca bello el intento.

Te dejo esta carta como recuerdo y aunque mis palabras no alcanzan en profundidad a las tuyas sé bien que será parte de tu próximo cuento, será un pedacito de ese interminable texto que escribes a diario como cápítulos de tu aun no reconstruida vida.

Con ésta te dejo un beso, lo ves? es la manchita carmín del sobre que pusiste a un lado, la misma que al abrirlo pensaste que era una mancha dejada en un momento de descuido por el emisario.

Te beso


1 comentario:

galatea dijo...

muy bueno, me gustó y algo me recordó(podría pedirla prestada...)
Chao.