desde sus magulladas ansias por seguir sus manos aprietan, temblorosas, el auricular y un hilo de voz se desprende para hablar. Apenas el hilo se pierde en el silencio, un sonoro tono galante, que desconoce y suena ajeno, rompe el tiempo al punto que se estremece temeroso; ya no recuerda esa voz, ni siquiera recuerda que es posible que alguien pueda emitir esos sonidos. Ella por un segundo esboza una sonrisa, la voz le recuerda la vida. Reacciona y apenas responde el saludo, parece ajena, extraña mientras el ruido circundante le traga. Que mañana te llamo, dice él. Que si no te respondo no insistas, agrega ella. Su mano temblorosa deja el auricular y las ansias, aun más magulladas, empequeñecen su alma y lo arropan hasta que desaparece.
1 comentario:
Hermoso y triste. Hoy llamare a mi madre...un abarzo.
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