miércoles, 23 de noviembre de 2022

Pablo

Iba de regreso a Santiago. De pronto se abrió la cortina que separaba a los pasajeros de "primera" de el resto y apareció Pablo, caminó hacia mí y me  preguntó si el asiento contiguo estaba desocupado. Miré a los lados, pero era conmigo; apenas asentí y se sentó, tomó a mi hija en sus brazos y empezó a jugar con ella. No paramos de conversar de la vida, sobre nuestros países, de música y tantas cosas más, como si nos hubiésemos conocido de siempre hasta que, faltando poco para aterrizar se despidió cálido, cariñoso cual viejo amigo, ya debía volver a su asiento. Iban directo a Buenos Aires, al Chile en dictadura no podían ingresar. 

Una hora antes en el aeropuerto estaban ellos, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. Pablo, sencillo y comunicativo. El segundo distante, frío, con un dejó de orgullo que lo alejaba más y que lo ha alejado en el tiempo por seguir siendo fiel peón del gobierno cubano. 

En el momento en que sostenía a mi Florencia, de un año, que quería caminar pero aún se tambaleaba, se acercó Pablo y me preguntó si iba a Santiago. La noche anterior, última en Quito en 1984, había ido a su concierto y todavía vivía en esa nube de emociones recargadas, esa mañana, porque iniciaba una vez más un viaje a la ausencia y a la vez a la vida que ya amaba en ese Chile dolido.

Aún ahora, décadas después, no salgo del asombro, de la emoción y la incredulidad frente a ese inesperado compañero de viaje en el vuelo más enriquecedor y emotivo que he tenido. Fue descubrir en Pablo a una de las personas más entrañables, cálidas, cariñosas y amables que he conocido, al poeta ser humano, al hombre sencillo y cercano que respiraba detrás de sus canciones.

Entonces, y mucho antes, ya Pablo era crítico al régimen cubano y había vivido en carne propia la represión, había estado preso en esa Cuba que necesita escribir su historia sin hambre y sin que otros, los que controlan el partido y el país, la escriban, para poder elegir libremente su camino.

Buen viaje querido Pablo Milanés, descansas ya de esa larga enfermedad, ahora vuela libre. Acá nos quedan tus canciones llenas de humanidad. 

Escribo esto el 21 de noviembre de 2022, acaban de anunciar la muerte de Pablo y las lágrimas se hacen letras. 

Este enlace es a un documental que acerca y  recuerda a Pablo Milanés, ese hombre que cantó humanidad y que ya no está https://youtu.be/ZT-IZ4iYGVg .

 


Esperando el milagro, de Pablo Milanés (fragmento)

 Publicada el 21 de diciembre 2020




viernes, 1 de abril de 2022

Si despiertas

 Si despiertas en la mitad del sueño de otro y te das cuenta que tu historia es el libreto de su sueño ¿lo despiertas para hacerte presente o guardas silencio a que no despierte para llegar hasta el final?

(1 de abril de 2009)

martes, 15 de marzo de 2022

Sin atrevernos a decir ojalá

 Hace exactamente dos años, a estas horas, estábamos oficialmente en cuarentena "por un par de semanas, tal vez", sin imaginar siquiera que en la vida de todos se iba a normalizar la virtualidad, el hablar con caracteres, el mirarnos en pantallas;  atenorizados, enfermos, añorando a los que ya no están, a la espera de poder regalar de nuevo abrazos, con la duda de si se podrá y sin la confianza de antes; sin atrevernos siquiera a decir, en voz alta, ojalá...

miércoles, 9 de marzo de 2022

Te conviertes en migrante

 Desde el día que se parte a otro destino para quedarte en él te conviertes en migrante y aunque se regrese al origen se sigue siendo migrante. A los códigos del país de nacimiento se suman otros, a las vivencias un cúmulo de nuevas, diversas, intensas y más aún si los años vividos en otro lugar superan en muchos los vividos en el país de origen.

Y al volver nada es lo mismo, por más que a quienes se quedaron les parezca que siguen siendo los mismos y que aunque te fuiste sigues siendo igual; la mayoría no se da cuenta de cuánto cambiaron y que los que nos fuimos aunque conservemos lo esencial somos otros-diferentes y que el estar de vuelta no vamos a volver a ser los mismos y que no somos ni mejores ni peores, simplemente somos convertidos en una suma de acentos, palabras, sonidos, gestos y gustos, sabores, historias propias y parte de otras historias y llevamos incluso tradiciones adquiridas que no sólo las conocemos, sino que también, junto a aquellas con las que crecimos, las sentimos propias.

Cambia la forma de mirar las cosas, cambian las prioridades y el sentido de la vida, cambia el sentido de las distancias y de los cariños muy cercanos y no tanto, porque hay afectos dispersos de los que pasaron por donde estabas y se hicieron parte de los cariños para luego marcharse a otros lugares, a veces muy lejanos. Esos son otros migrantes que saben, al igual que cada uno de los que nos hemos ido, que así como es posible vivir con toda la intensidad y todo lo que somos en un lugar es posible hacerlo en cualquier otro, no importa dónde, y que todos serán tus lugares, propios y al mismo tiempo ajenos, tan ajenos, incluso, como aquellos que una vez fueron propios.