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lunes, 15 de noviembre de 2010
sábado, 23 de octubre de 2010
viernes, 22 de octubre de 2010
martes, 23 de marzo de 2010
domingo, 25 de enero de 2009
viernes, 5 de diciembre de 2008
deseo
si de soñar con un viaje se tratara:
sólo llegar lo más lejos posible,
más allá del horizonte,
donde no se ve ni se siente,
donde nada es tangible ,
y la luz de tan potente que es, no existe.
donde de la mentira no se sepa ni el nombre,
donde las miradas sean sinceras,
y la palabra porque nace del alma sea cierta,
y las caricias no sean facturas convenientes
que se reparten a destajo y en serie,
sino sólo la respuesta de bienvenida a la entrega
donde ni el pensamiento,
ni el recuerdo, ni la memoria lleguen;
donde no se conozcan los exilios del alma,
ni las extradiciones del sentimiento;
donde nadie borre a nadie ni exista,
por amar, la expulsión como castigo.
si de pedir un deseo se tratara,
sentir el alma llena de libertad marina,
recuperar la candidez primaria
perdida por el acecho de las dudas,
y los temores por palabras de seres ocultos,
para sonreir en paz y sentir que es posible la esperanza.
Si de pedir un deseo se tratara, lo pediría...
sólo llegar lo más lejos posible,
más allá del horizonte,
donde no se ve ni se siente,
donde nada es tangible ,
y la luz de tan potente que es, no existe.
donde de la mentira no se sepa ni el nombre,
donde las miradas sean sinceras,
y la palabra porque nace del alma sea cierta,
y las caricias no sean facturas convenientes
que se reparten a destajo y en serie,
sino sólo la respuesta de bienvenida a la entrega
donde ni el pensamiento,
ni el recuerdo, ni la memoria lleguen;
donde no se conozcan los exilios del alma,
ni las extradiciones del sentimiento;
donde nadie borre a nadie ni exista,
por amar, la expulsión como castigo.
si de pedir un deseo se tratara,
sentir el alma llena de libertad marina,
recuperar la candidez primaria
perdida por el acecho de las dudas,
y los temores por palabras de seres ocultos,
para sonreir en paz y sentir que es posible la esperanza.
Si de pedir un deseo se tratara, lo pediría...
viernes, 1 de agosto de 2008
flor de lágrima
algunas veces, cuando las mariposas pierden el polvo de las alas o los pájaros ya no las despliegan o los amantes ya no se pierden en sus miradas, el cielo llora de madrugada; otras, cuando el sol quiere romper el horizonte y la oscuridad se resiste, entonces llora el suelo lanzando sus lágrimas al cielo.
Ante tanta frescura en el aire y porque a esas horas se vuelven caprichosas, para no quedarse fuera de ese concierto de aguas, es cuando lloran rocío las flores.
Ante tanta frescura en el aire y porque a esas horas se vuelven caprichosas, para no quedarse fuera de ese concierto de aguas, es cuando lloran rocío las flores.
Etiquetas:
agua,
naturaleza,
vida
viernes, 14 de marzo de 2008
piedras de río
Le gusta caminar descalza. Amina camina por las piedras con la misma suavidad que lo hace sobre la arena, como si las irregularidades y bordes de las más pequeñas no la tocaran, mientras el agua golpea con fuerza en las rocas más grandes.
Mira el cielo desprotegido sin nubes y la inmensidad del cañón en el que está metida no le sobrecoge como cuando era niña, todo le es indiferente esta tarde en el que muchos rostros se le aparecen, como proyectados en las rocas de los muros de piedra que le rodean. No siente, no piensa, sólo avanza sin perder esa expresión de niña perdida.
Tras un largo andar el azul ha dejado paso a la noche y el aullido lejano de los perros le produce un ligero estremecimiento pero no para. Ya no ve las piedras, ya no reconoce el camino que sigue el río, pero si escucha el golpe del agua más cercano e intenso y desea con ansiedad sentir el frío húmedo en su cuerpo, el abrazo de espuma, el ruido envolvente de la corriente y sin embargo no le llega aun cuando sus manos ahora tocan las rocas, las piedras ayudándoles a sus pies a seguir. Por momentos las rodillas sirven de sostén para la marcha.
No quiere ver más el cielo azul, no le interesan las nubes ni el verde circundante, se siente cómoda en lo oscuro y aunque ya no siente sus pies por tanta agua que han pisado no cesa en su intento por convertirse en sirena de agua dulce, en ausente permanente, en el recuerdo de algunos.
Por fin el agua le ha bañado y ahora es parte de ella, aunque Amina ya no la siente, no lo sabe...
Mira el cielo desprotegido sin nubes y la inmensidad del cañón en el que está metida no le sobrecoge como cuando era niña, todo le es indiferente esta tarde en el que muchos rostros se le aparecen, como proyectados en las rocas de los muros de piedra que le rodean. No siente, no piensa, sólo avanza sin perder esa expresión de niña perdida.
Tras un largo andar el azul ha dejado paso a la noche y el aullido lejano de los perros le produce un ligero estremecimiento pero no para. Ya no ve las piedras, ya no reconoce el camino que sigue el río, pero si escucha el golpe del agua más cercano e intenso y desea con ansiedad sentir el frío húmedo en su cuerpo, el abrazo de espuma, el ruido envolvente de la corriente y sin embargo no le llega aun cuando sus manos ahora tocan las rocas, las piedras ayudándoles a sus pies a seguir. Por momentos las rodillas sirven de sostén para la marcha.
No quiere ver más el cielo azul, no le interesan las nubes ni el verde circundante, se siente cómoda en lo oscuro y aunque ya no siente sus pies por tanta agua que han pisado no cesa en su intento por convertirse en sirena de agua dulce, en ausente permanente, en el recuerdo de algunos.
Por fin el agua le ha bañado y ahora es parte de ella, aunque Amina ya no la siente, no lo sabe...
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