domingo, 30 de marzo de 2008
extraño fenómeno: bolas de fuego cruzan cielos
AZULPRESS _______________________________________
Se informa que ayer por la noche cruzó por el firmamento algo parecido a un cometa. Nuestras fuentes no pudieron precisar su forma exacta ni origen, aunque manifestaron que era similar a una bola de fuego.
Una vez consultado con los expertos se pudo establecer que el fenómeno fue visible en todos los cielos debido a la intensidad del mismo, sin tomar en cuenta consideraciones horarias o luminosas; incluso fue avistado en lugares enclavados en la línea ecuatorial y a pleno medio día.
En el transcurso de la noche se pudo apreciar que cruzaron formas similares pero de menor tamaño e intensidad en varias ocasiones, sin causar daños ni dejar huellas.
Estaremos atentos a nuevas informaciones.
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Se informa que ayer por la noche cruzó por el firmamento algo parecido a un cometa. Nuestras fuentes no pudieron precisar su forma exacta ni origen, aunque manifestaron que era similar a una bola de fuego.
Una vez consultado con los expertos se pudo establecer que el fenómeno fue visible en todos los cielos debido a la intensidad del mismo, sin tomar en cuenta consideraciones horarias o luminosas; incluso fue avistado en lugares enclavados en la línea ecuatorial y a pleno medio día.
En el transcurso de la noche se pudo apreciar que cruzaron formas similares pero de menor tamaño e intensidad en varias ocasiones, sin causar daños ni dejar huellas.
Estaremos atentos a nuevas informaciones.
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Despacho de última hora
Hace pocos minutos se recibió la llamada de una mujer no identificada, la que solicitó a la ciudanía mantener la calma; expresó que el fenómeno ocurrido durante la noche fue ocasionado sólo por un momento de felicidad extrema junto a su amor desconocido quien siempre sostuvo en su mano una pastillita azul. Seguiremos informando.
AZULPRESS

viernes, 28 de marzo de 2008
cristal de corazón
"con cada beso tuyo, con cada caricia se llena de brillos el corazón y adquiere la apariencia de cristalitos de color"
palabras recitadas por una niña de quince años que mira a la luna sentada en una roca y que hipnotizada por su luz no se entera que la acaricia el mar hasta que le convierte en estatua de sal
martes, 25 de marzo de 2008
anuncios de otoño
Oficialmente anunciaron su llegada hace cuatro días y dentro de poco lucirá así la vida; poco a poco las hojas se tornarán alegres, cobrizas; por ahora, el calor del verano se despide con amaneceres más frescos, luces diferentes y tempranos atardeceres.
domingo, 23 de marzo de 2008
quimera
a unos ojos andaluces que tomaron su expresión en madrid
pienso en lo que no somos,
en tu aparecer,
en las coincidencias,
en tus ímpetus de diciembre,
en todas las palabras bellas
para mi nuevas,
sentidas, sinceras
pienso en lo que parece un sueño,
en tu afán de conquista, en mi entrega,
en esas preguntas casi al azar
¿cuál es tu número, el tres, el nueve?
¿son compatibles, traen futuro?
simbología para mi desconocida,
palabras que mis oídos sólo oían
palpo, miro tus regalos
tu obsequiar generoso
como buscando llegar
a la quimera de algo compartido,
pienso en el dar del que yo no sabía,
en el recibir con ternura
con alegría
y me pregunto sobre el sentido de la quimera
que sin buscar, en mi se hizo presente,
en el por qué de no desafiar
al miedo que te ronda intransigente,
y te aleja del amor
haciendo que lo que sabe a cierto
no pueda ser verdadero
pienso en lo que no somos,
en tu aparecer,
en las coincidencias,
en tus ímpetus de diciembre,
en todas las palabras bellas
para mi nuevas,
sentidas, sinceras
pienso en lo que parece un sueño,
en tu afán de conquista, en mi entrega,
en esas preguntas casi al azar
¿cuál es tu número, el tres, el nueve?
¿son compatibles, traen futuro?
simbología para mi desconocida,
palabras que mis oídos sólo oían
palpo, miro tus regalos
tu obsequiar generoso
como buscando llegar
a la quimera de algo compartido,
pienso en el dar del que yo no sabía,
en el recibir con ternura
con alegría
y me pregunto sobre el sentido de la quimera
que sin buscar, en mi se hizo presente,
en el por qué de no desafiar
al miedo que te ronda intransigente,
y te aleja del amor
haciendo que lo que sabe a cierto
no pueda ser verdadero
sábado, 22 de marzo de 2008
la torera
A la hora de la sobremesa, una vez más se sintió el alboroto de cuando ella subía por la calle. De chaqueta amplia y falda larga descoloridas, sombrero de ala ancha y un largo pañuelo rojo que le aleteaba en el cuello. Su figura menuda y saltarina se apoyaba en un bastón, el que de rato en rato blandía para alejar a los que salían a su paso. Los labios pintados de rojo intenso como las mejillas, que distraían las miradas del rostro cubierto de polvo blanco. Era una mezcla de niña traviesa y anciana cansada.
Corrían tras ella gentes de todas las edades. Las vecinas entreabrían las puertas y sus rostros adustos repetían una frase, ya viene "la torera”; más de alguna se paró al frente mirándola con desenfado.
Ana, una vez más, sintió miedo. Su madre, de suave y pausada voz, le dijo:
- No temas. También yo desde niña la vi pasar igual que ahora; nunca he sabido su nombre, su edad, ni a donde va o de donde viene. Es solo una anciana solitaria. Anda, mírala por la ventana, sonríele y que tu sonrisa le acompañe.
Al momento que sacaba Ana su cabeza hacia afuera, dos ojos oscuros, grandes, tristes se hincaron en los suyos. No supo qué hacer y una sensación extraña le impidió hablar mientras dos lágrimas rodaban por sus mejillas.
De repente, a los cinco años y aunque rodeada de una gran familia, empezó a sentirse sola, infinitamente sola, con una soledad que todavía está presente. Aún ahora, después de tanto, recuerda esa tarde y siente las mismas ganas de llorar.
Al crecer más empezó a salir a la calle y un día, ya pudo seguirla, por el barrio, sin pedir permiso; luego el barrio creció y se hizo ciudad y Ana siempre atrás, a su mismo ritmo sin hablar, sin preguntar.
Subían por calles angostas y empinadas, y cuando estaban a punto de pisar una nube, la calle curvaba bruscamente y empezaba el descenso, casi a la carrera; la anciana daba saltitos rápidos y Ana a empellones, tratando de no caerse en los adoquines y evitando tropezarse con los que salían al encuentro.
Era feliz corriendo tras ella. A veces tenía que frenar bruscamente para no enredarse en la falda negra, que volaba hacia atrás; otras debía acelerar el paso porque la anciana casi flotaba, sobretodo cuando se acercaban a las nubes.
Hasta ahora le acompaña el viento que silva entre los muros, entre los techos de las casas y entre los árboles de los patios, al ritmo del agua que se siente correr y al de la risas de mujeres que lavan tras ellos.
En esas andanzas aprendió a caminar en silencio, ignorando a los que se cruzaban; aprendió a seguir pegada a los adoquines para no saltar a las nubes; aprendió para que lado debía curvar en las esquinas y así no repetirse las mismas calles todos los días.
Una de las pocas tardes en las que estuvieron solas, la anciana se dio la vuelta y con dulzura y sonriente le prestó el bastón a Ana. Le enseñó a moverlo y estuvieron practicando hasta que el cielo se tornó rosado y las montañas se perfilaron. Muchas tardes parecidas le pasó el madero de mango redondo, para que ensayara cada movimiento..
Le enseñó a reconocer las miradas y a hablar con los ojos. En esta ciudad la gente miraba a los ojos, burlona, triste, alegre, rabiosa, sincera. No era necesario usar muchas palabras para decir las cosas. Le gustaba a Ana encontrar miradas cómplices, las había muchas.
Con ella, Ana entendió los gestos. Las cabezas de las mujeres y hombres mayores que se inclinaban levemente para saludar; las cejas de muchos expresando aprobación o enfado; las muecas de desagrado de las mujeres en las puertas de las casas; las sonrisas temerosas de los niños pequeños; las mejillas sonrosadas de los adolescentes que se besaban en las esquinas y las narices levantadas y de mirada huidiza de las que salían de las Iglesias.
En ese tiempo Ana se olvidó de la soledad. El recorrer calles no daba tiempo para soledades.
Una mañana, cuando los pájaros saludaban y el sol sin calentar todavía empezaba a proyectar sombras largas desde atrás de las montañas, ella la miró triste; otra vez sus ojos se encontraron, y al mismo tiempo a ambas les brotaron lágrimas. Las de ella se quedaron quietas y las de Ana no dejaban de correr por sus mejillas, mojándole el pelo que le caía sobre el pecho. La mirada de la anciana se vació en la suya. Otra vez, y ahora sí con ímpetu, la soledad la inundó. Sus ojos oscuros se elevaron hacia el sol y vio como la anciana se elevó hacia las nubes, dejando a Ana en medio de esa ciudad, llena de pájaros bulliciosos, que todavía no despertaba.
Cruza ahora la calle con chaqueta ancha de otros tiempos, la falda larga y descolorida que se mueve con el viento. La bufanda roja trata de amarrarla al cuello para que no se enrede con el bastón que ahora tiene el mango más dócil.
Cuando sale el sol se pinta los labios, se pone polvo de arroz en la cara y sonroja sus mejillas con el mismo color de la boca. Sus botines tienen el taco gastado de tanto frenar en las calles que bajan de las nubes. Las medias negras tienen un punto corrido pero lo disimula al caminar como si diera saltos.
En la cartera negra, Ana, lleva las cartas que llevaba ella, y ha guardado otras que algún loco enamorado que se las deja en la noche, cuando la luna aun no sale.
Todavía mientras mueve el bastón para alejar a los impertinentes, recorre gestos y miradas, sonrisas y muecas. Ansiosamente busca en las ventanas la mirada de una niña de cinco años, que acompañada de su madre, un día vea pasar a una flor disfrazada de zorzal. Quiere enseñarle los secretos para ahuyentar la soledad.
martes, 18 de marzo de 2008
a veces, sólo a veces
A veces y sólo a veces
la vida te despierta del letargo
con una voz que aparece de la nada
y te llama y te acompaña.
Pero a veces y sólo a veces
queremos escuchar alguna voz lejana
y nos conmovemos como si fuera propia
y nos entregamos como si fuera amada.
Y es entonces, que por única vez
nos reconocemos en el otro cuerpo
integramos sus sonidos y sus gestos
y desplegamos las alas de pájaro solitario
para cubrirnos de a dos en un solo vuelo.
la vida te despierta del letargo
con una voz que aparece de la nada
y te llama y te acompaña.
Pero a veces y sólo a veces
queremos escuchar alguna voz lejana
y nos conmovemos como si fuera propia
y nos entregamos como si fuera amada.
Y es entonces, que por única vez
nos reconocemos en el otro cuerpo
integramos sus sonidos y sus gestos
y desplegamos las alas de pájaro solitario
para cubrirnos de a dos en un solo vuelo.
lunes, 17 de marzo de 2008
pregunta
Cómo será el abrazo acogedor de sus alas?
escuchar su respiración muy cerca
respirar con él el mismo aire,
sentir su acento de tono bajo susurrándo al oído,
reconocer con las mías sus manos
recorriendo mi cuerpo,
sentir el suyo y su piel contra la mía
mientras enredo mis manos en su pelo
y pruebo su boca con mi boca
con mágica locura, con caricias, con ganas infinitas,
hasta desplegar el vuelo confundiendo nuestras alas,
desparramando nuestras plumas,
alcanzando el cielo…
Cómo será?
escuchar su respiración muy cerca
respirar con él el mismo aire,
sentir su acento de tono bajo susurrándo al oído,
reconocer con las mías sus manos
recorriendo mi cuerpo,
sentir el suyo y su piel contra la mía
mientras enredo mis manos en su pelo
y pruebo su boca con mi boca
con mágica locura, con caricias, con ganas infinitas,
hasta desplegar el vuelo confundiendo nuestras alas,
desparramando nuestras plumas,
alcanzando el cielo…
Cómo será?
festejo
¡vamos! empuja la carreta
enfila en el cortejo,
no cortejo de difuntos
ni cortejo nupcial
sólo el cortejo de la vida
que desfila ante mis ojos
ante los tuyos
antes los de los otros
¡vamos! que hoy nos espera
el regocijo
si, hoy tenemos festejo
por motivos no concretos
festejo de estar vivos
de sentir,
tan sólo eso
que no es poco, pero si perfecto
enfila en el cortejo,
no cortejo de difuntos
ni cortejo nupcial
sólo el cortejo de la vida
que desfila ante mis ojos
ante los tuyos
antes los de los otros
¡vamos! que hoy nos espera
el regocijo
si, hoy tenemos festejo
por motivos no concretos
festejo de estar vivos
de sentir,
tan sólo eso
que no es poco, pero si perfecto
domingo, 16 de marzo de 2008
amor antiguo
a un corazón de rizos andaluces
el nuestro, es un amor antiguo
que pareciera haber estado siempre,
sin hazañas de conquista,
sin escándalos de seducción.
nuestro amor no es de palabras
ni de declaraciones,
en el no hay los te quiero,
ni tampoco los no me olvides.
en nuestro amor hay silencios
acompañados de tiernos susurros,
de abrazos que siempre fueron
de delicados besos y caricias dulces
nuestro amor no es corriente
pero si cotidiano
es transparente, es intenso
es vivo y presente
el nuestro, es un amor antiguo
que pareciera haber estado siempre,
sin hazañas de conquista,
sin escándalos de seducción.
nuestro amor no es de palabras
ni de declaraciones,
en el no hay los te quiero,
ni tampoco los no me olvides.
en nuestro amor hay silencios
acompañados de tiernos susurros,
de abrazos que siempre fueron
de delicados besos y caricias dulces
nuestro amor no es corriente
pero si cotidiano
es transparente, es intenso
es vivo y presente
gritos ahogados
Cuando Ana escucha gritar a una mujer el corazón y el estómago se le aprietan y a veces siente miedo, ese miedo que nunca sintió, que no conocía antes de entonces. Si sorprende a un hombre hablándole mal a una mujer en la calle detiene su andar y lo mira fijamente, incluso con enojo, eso cree porque cuando se percatan de su mirada se quedan en silencio o le ven con rabia.
Es que algo quedó en Ana, que se aviva aun después de haberlo sacado. Y no depende de ella, sólo que se le vienen todos los gritos y descalificaciones que recibió y el golpe que le lastimó. Regresa a ella también la sensación de muchas veces haber gritado para tratar de que no siguiera y también las veces que con los puños apretados pero sin fuerzas, impotente, trató de acallarlo, hasta que aprendió que no había que hablar, que era mejor aparentar se mansa y sorda.
Pero sobretodo, lo que más le duele a Ana es la impotencia frente a esos pequeños seres que oían los gritos cuando dormían y recuerda todas las horas que acarició sus cabecitas y les llenó de besos en sueños como tratando de suavizar lo que habían sentido y que ausentes a los llantos contenidos o los ojos hinchados un día le preguntaron "´¿mamá, por qué nunca te ríes?.
Pero no, esas rabias callejeras no le duran mucho, cada vez menos, lo suficiente como para que el agresor lo perciba. Porque es agresor no sólo el que golpea, sino el que grita sin parar y sin razón, el que decide por ambos sin consultar, el que intimida con amenazas, el que descalifica, el que insulta cobardemente, el que usa el arma de la plata para controlar, el que quiere seguir interviniendo en la vida de Ana, su víctima, en las de tantas Anas que no quieren producir lástima, que no quiere que les digan "pobre", pero que saben bien de lo que hablan los que se dicen expertos y que talvez no lo vivieron o que también fueron agresores...y no importa cuanto tiempo pase, dice Ana, se perdona pero no se puede olvidar...no se olvida.
Y todo eso vuelve a ella a veces, como cuando sonó por primera vez esta canción y no pudo seguir oyéndola y recién al tercer intento voluntario y respirando hondo pudo escucharla completa, pero aun así al oirla no puede evitar que se le apriete el estómago y que los ojos se le humedezcan.
Es que algo quedó en Ana, que se aviva aun después de haberlo sacado. Y no depende de ella, sólo que se le vienen todos los gritos y descalificaciones que recibió y el golpe que le lastimó. Regresa a ella también la sensación de muchas veces haber gritado para tratar de que no siguiera y también las veces que con los puños apretados pero sin fuerzas, impotente, trató de acallarlo, hasta que aprendió que no había que hablar, que era mejor aparentar se mansa y sorda.
Pero sobretodo, lo que más le duele a Ana es la impotencia frente a esos pequeños seres que oían los gritos cuando dormían y recuerda todas las horas que acarició sus cabecitas y les llenó de besos en sueños como tratando de suavizar lo que habían sentido y que ausentes a los llantos contenidos o los ojos hinchados un día le preguntaron "´¿mamá, por qué nunca te ríes?.
Pero no, esas rabias callejeras no le duran mucho, cada vez menos, lo suficiente como para que el agresor lo perciba. Porque es agresor no sólo el que golpea, sino el que grita sin parar y sin razón, el que decide por ambos sin consultar, el que intimida con amenazas, el que descalifica, el que insulta cobardemente, el que usa el arma de la plata para controlar, el que quiere seguir interviniendo en la vida de Ana, su víctima, en las de tantas Anas que no quieren producir lástima, que no quiere que les digan "pobre", pero que saben bien de lo que hablan los que se dicen expertos y que talvez no lo vivieron o que también fueron agresores...y no importa cuanto tiempo pase, dice Ana, se perdona pero no se puede olvidar...no se olvida.
Y todo eso vuelve a ella a veces, como cuando sonó por primera vez esta canción y no pudo seguir oyéndola y recién al tercer intento voluntario y respirando hondo pudo escucharla completa, pero aun así al oirla no puede evitar que se le apriete el estómago y que los ojos se le humedezcan.
Para ver el video, con el botón derecho del mouse ir a "Abrir vínculo en una nueva ventana"
¿cien o mil?
uno
dos
tres
sigo contando hasta diez, respiro profundamente y ya llego a cien.
cuatro
cinco
seis
quiero pensar que no aprendí a contar mas allá de mil.
siete
ocho
nueve
diez veces diez mas cien veces mil suspiros cienmil.
cinco
siete
nueve
¿cuántas veces digo cien, cuántas tu dices mil?
tres
siete
diez
no nos ponemos de acuerdo ni en cien ni en mil.
dos
tres
sigo contando hasta diez, respiro profundamente y ya llego a cien.
cuatro
cinco
seis
quiero pensar que no aprendí a contar mas allá de mil.
siete
ocho
nueve
diez veces diez mas cien veces mil suspiros cienmil.
cinco
siete
nueve
¿cuántas veces digo cien, cuántas tu dices mil?
tres
siete
diez
no nos ponemos de acuerdo ni en cien ni en mil.
sábado, 15 de marzo de 2008
traida por emisario
Querido,
No te pregunto como estás porque sé que todo está bien para tí; también sé que nada te perturba ni te emociona y comprendo que tu capacidad de ser máquina sin tiempo, productor de emociones ajenas, relator de azañas lejanas ha logrado imponerse por sobre todo sentimiento.
Hoy sigo sola y mi corazón ya no se emociona como hasta ayer imaginando tus manos, mis labios ya no desean tu boca y mi alegría, esa que reclamabas no conocer se ha hecho presente y finalmente ha vuelto a ser mi compañera.
Esta mañana abrí los ojos y un rayo de sol me dio un beso. El árbol junto a la ventana parece cajita de música y sus habitantes saltan de rama en rama en un juego interminable. Los miro y me regocijo con ellos.
¿Que si fue bello lo nuestro? Escucho esa pregunta en tu voz aunque no la pronuncies. Talvez lo fue, no lo recuerdo, pero si escucho mi propia risa vacía mezclada con tus palabras siempre bien dichas, perfectamente pronunciadas como en cada uno de tus escritos. No, no creo que lo fue si es a la belleza de tu regocijo a la que te refieres, porque mientras yo reía tu tejías historias ajenas sin darte cuenta que con mi risa quería que tejiéramos juntos la nuestra. No, no lo fue aunque parezca bello el intento.
Te dejo esta carta como recuerdo y aunque mis palabras no alcanzan en profundidad a las tuyas sé bien que será parte de tu próximo cuento, será un pedacito de ese interminable texto que escribes a diario como cápítulos de tu aun no reconstruida vida.
Con ésta te dejo un beso, lo ves? es la manchita carmín del sobre que pusiste a un lado, la misma que al abrirlo pensaste que era una mancha dejada en un momento de descuido por el emisario.
Te beso
No te pregunto como estás porque sé que todo está bien para tí; también sé que nada te perturba ni te emociona y comprendo que tu capacidad de ser máquina sin tiempo, productor de emociones ajenas, relator de azañas lejanas ha logrado imponerse por sobre todo sentimiento.
Hoy sigo sola y mi corazón ya no se emociona como hasta ayer imaginando tus manos, mis labios ya no desean tu boca y mi alegría, esa que reclamabas no conocer se ha hecho presente y finalmente ha vuelto a ser mi compañera.
Esta mañana abrí los ojos y un rayo de sol me dio un beso. El árbol junto a la ventana parece cajita de música y sus habitantes saltan de rama en rama en un juego interminable. Los miro y me regocijo con ellos.
¿Que si fue bello lo nuestro? Escucho esa pregunta en tu voz aunque no la pronuncies. Talvez lo fue, no lo recuerdo, pero si escucho mi propia risa vacía mezclada con tus palabras siempre bien dichas, perfectamente pronunciadas como en cada uno de tus escritos. No, no creo que lo fue si es a la belleza de tu regocijo a la que te refieres, porque mientras yo reía tu tejías historias ajenas sin darte cuenta que con mi risa quería que tejiéramos juntos la nuestra. No, no lo fue aunque parezca bello el intento.
Te dejo esta carta como recuerdo y aunque mis palabras no alcanzan en profundidad a las tuyas sé bien que será parte de tu próximo cuento, será un pedacito de ese interminable texto que escribes a diario como cápítulos de tu aun no reconstruida vida.
Con ésta te dejo un beso, lo ves? es la manchita carmín del sobre que pusiste a un lado, la misma que al abrirlo pensaste que era una mancha dejada en un momento de descuido por el emisario.
Te beso
viernes, 14 de marzo de 2008
piedras de río
Le gusta caminar descalza. Amina camina por las piedras con la misma suavidad que lo hace sobre la arena, como si las irregularidades y bordes de las más pequeñas no la tocaran, mientras el agua golpea con fuerza en las rocas más grandes.
Mira el cielo desprotegido sin nubes y la inmensidad del cañón en el que está metida no le sobrecoge como cuando era niña, todo le es indiferente esta tarde en el que muchos rostros se le aparecen, como proyectados en las rocas de los muros de piedra que le rodean. No siente, no piensa, sólo avanza sin perder esa expresión de niña perdida.
Tras un largo andar el azul ha dejado paso a la noche y el aullido lejano de los perros le produce un ligero estremecimiento pero no para. Ya no ve las piedras, ya no reconoce el camino que sigue el río, pero si escucha el golpe del agua más cercano e intenso y desea con ansiedad sentir el frío húmedo en su cuerpo, el abrazo de espuma, el ruido envolvente de la corriente y sin embargo no le llega aun cuando sus manos ahora tocan las rocas, las piedras ayudándoles a sus pies a seguir. Por momentos las rodillas sirven de sostén para la marcha.
No quiere ver más el cielo azul, no le interesan las nubes ni el verde circundante, se siente cómoda en lo oscuro y aunque ya no siente sus pies por tanta agua que han pisado no cesa en su intento por convertirse en sirena de agua dulce, en ausente permanente, en el recuerdo de algunos.
Por fin el agua le ha bañado y ahora es parte de ella, aunque Amina ya no la siente, no lo sabe...
Mira el cielo desprotegido sin nubes y la inmensidad del cañón en el que está metida no le sobrecoge como cuando era niña, todo le es indiferente esta tarde en el que muchos rostros se le aparecen, como proyectados en las rocas de los muros de piedra que le rodean. No siente, no piensa, sólo avanza sin perder esa expresión de niña perdida.
Tras un largo andar el azul ha dejado paso a la noche y el aullido lejano de los perros le produce un ligero estremecimiento pero no para. Ya no ve las piedras, ya no reconoce el camino que sigue el río, pero si escucha el golpe del agua más cercano e intenso y desea con ansiedad sentir el frío húmedo en su cuerpo, el abrazo de espuma, el ruido envolvente de la corriente y sin embargo no le llega aun cuando sus manos ahora tocan las rocas, las piedras ayudándoles a sus pies a seguir. Por momentos las rodillas sirven de sostén para la marcha.
No quiere ver más el cielo azul, no le interesan las nubes ni el verde circundante, se siente cómoda en lo oscuro y aunque ya no siente sus pies por tanta agua que han pisado no cesa en su intento por convertirse en sirena de agua dulce, en ausente permanente, en el recuerdo de algunos.
Por fin el agua le ha bañado y ahora es parte de ella, aunque Amina ya no la siente, no lo sabe...
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