de escuchar a Serrat en el duermevela pasé a oir, en el desvelo, otro tipo de canciones. Algunas que no esperaba por ser demasiado terrenas y otras que, como si vinieran de los cielos, golpeaban en voces ajenas internas, disfrazadas de falsas seducciones, veladas por angelicales fantasmas y que dicen de engaños y desaires; que lanzan al aire frases de "no hago otra cosa que pensar en ti" en silencio, en lo oculto y a lo lejos mientras, a todos los vientos, gritan para que no se sepa del doble acento. "Hola soledad, no me extraña tu presencia", mientras las cosas se complican, para las aves que surcan los cielos, sin quererlo. Cantos, que a la voz del cantautor dicen "tome papel y lápiz y esparcí", palabras sin disculpas ni réplicas, provenientes a destajo de donjuanes perdidos en su propio canto.
De querer escuchar a Serrat, pasé del duermevela al desvelo, para encontrarme con otros cantos lejanos, incomprensibles, ajenos a mi historia, extraños y a la vez terrenos que me llevan a recrear, lo que fue en un tango, que se me repite, con el presentimiento de lo que será, el argumento a la hora de la verdad y que en lo más hondo dice:
"¡Vete!, (1)
¿No comprendes que te estoy salvando?
¿No comprendes que te estoy amando?
¡No me sigas, ni me llames, ni me beses
ni me llores, ni me quieras más!
Fuimos abrazados a la angustia de un presagio
por la noche de un camino sin salidas,
pálidos despojos de un naufragio
sacudidos por las olas del amor y de la vida.
Fuimos empujados en un viento desolado...
sombras de una sombra que tornaba del pasado.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza,
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir."
De Serrat pasé al duermevela, del duermevela me fui al desvelo y canté un canto, a dos voces, en dos lugares, dos momentos, porque se me hace necesario, porque hoy me resuena, en estéreo, para limpiar el corazón de todos los malos presagios. Y es por eso, antes de que salga el sol, que Serrat se queda como palabras que suenan a regalo, mientras escucho tango.
(1) Fuimos. Homero Manzi y José Dames