sábado, 28 de julio de 2012
pertenencia
lunes, 23 de abril de 2012
palabra
Sin embargo, son muchas las veces que se queda en el pensamiento, efímera, apurada como el tiempo, y se va presa del primer suspiro o se escapa fugaz con alguna idea...
martes, 21 de junio de 2011
abierta al cielo
se puede andar por la vida como casa abierta al cielo, sin techo y al descubierto. Y puede el sol traspasar el ser sin tropiezo ni paredes; como también la lluvia puede bañar el alma sin tener canaletas ni tejas en el medio. Así también, pueden las ideas ir y venir y encontrarse con ese pensamiento que quedó en otras casas que si tenían techo porque fueron las de siempre, las del comienzo.
Y porque no hay techo que frene se puede ser ave levantar vuelo y llegar lejos, talvez al sitio donde fue el inicio de todo, desde donde partió ese largo viaje que depara regreso.
Porque si ya una vez te fuiste puedes decir, con alguna noción del hecho, que ser migrante es no quedarse estático y, aunque es incierto, también es saber abrirse al futuro, porque una vez que emigras adquieres las herramientas para ser migrante de nuevo.
lunes, 6 de octubre de 2008
nunca se sabe
Nunca se sabe cuando sin tener respuestas se camina por una ruta diferente sin pensar siquiera en que “si un día”, cualquier día, habrá alguna interferencia. Al contrario, la única respuesta posible es que es imposible, que no hay motivo ni posible punto de conversación.
Nunca se sabe. Y un día en un arranque talvez de locura y de la nada, aquel de quien no se sabía se aparece, hace un cruce en el camino y sin más trámite porque no hace falta un ¿cómo estás? o ¿cómo te ha ido? sin rencores ni sentimientos encontrados se inicia un diálogo confiable como si para el hoy ese ayer fuera el siguiente día.
Y el diálogo es cercano, de recorridos comunes, de palabras compartidas sin lugares comunes en el que se dicen ciertas cosas no porque haya que decirlas sino que salen sin afán, sin intención, sin ánimo de reclamo.
Nunca se sabe el por qué pero no hay rabias ni resentimientos a pesar del sufrimiento y en ese encuentro se deja constancia de lo que fue importante: se compartieron todas las verdades, complicidades y certezas, no hubo nada oculto, las dudas no existieron, la palabra siempre fue clara y la mirada transparente, el compartir fue pleno de espacios, instancias, momentos, sin trabas, todo abierto, sin secretos y eso lo dice cada uno y es lo que se rescata en ese diálogo porque en ese cruce de caminos es lo primero que deja marca.
Nunca se sabe si esas cosas pasan a diario, si suceden dos veces y cuando se sabe que se puede hablar desde la confianza y es posible hablar desde uno mismo ¡qué sereno es el momento! porque le deja al corazón tranquilo, a la razón le dice no pienses que no hace falta.
Nunca se sabe...pero sin proponérselo un día se le puede decir gracias al camino porque aunque se bifurque nuevamente, éste se cruzó en el momento preciso.
martes, 23 de septiembre de 2008
¿va al paraíso?
los vecinos compartían y regalaban abrazos y risas en la calle
al ritmo de una banda de pueblo; con vientos y percusión todo el mundo bailaba
en la mitad del Cerro Esperanza, con pescado al carbón, de madrugada.
Era un nuevo año que llegaba, en el viejo puerto de Valparaíso
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En este post, originalmente, sonaba la voz de Ángel González recitando su
"Canción de invierno y de verano" y luego la voz de Osvaldo "Gitano" Rodríguez cantando "Valparaíso"
es verano en Valparaíso.
Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el
puerto de Bremen con jirones de niebla y de hielo
en sus cabos,
mientras los balandros soleados arrastran por la superficie del Pacífico Sur
bellas bañistas.
Eso sucede en el mismo tiempo,
pero jamás en el mismo día.
Porque cuando es de día en el mar del Norte
—brumas y sombras absorbiendo restos
de sucia luz—
es de noche en Valparaíso
-rutilantes estrellas lanzando agudos dardos
a las olas dormidas.
Cómo dudar que nos quisimos,
que me seguía tu pensamiento
y mi voz te buscaba -detrás,
muy cerca, iba mi boca.
Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto:
primaveras, veranos, soles, lunas.
Pero jamás en el mismo día.
nací allí, sencillamente. El viejo
puerto vigiló mi infancia con rostro de
fría indiferencia. Porque no nací
pobre y siempre tuve un miedo inconcebible a la pobreza.
Yo les quiero contar lo que he observado para que
nos vayamos conociendo. El habitante
encadenó las calles la lluvia
destiñó las escaleras y un manto de
tristeza fue cubriendo los cerros con sus calles y sus niños.
Y vino el temporal y la llovizna con su carga de
Letras de canciones similares en arena y desperdicios. Por ahí paso la
muerte tantas veces la muerte que enlutó a
Valparaíso y una vez más el viento
como siempre limpió la cara de este puerto herido.
Pero este puerto amarra como el hambre, no se
puede vivir sin conocerlo, no se puede mirar sin
que nos falte, la brea, el viento sur, los
volantines, y el pescador de jaivas que entristece
nuestro paisaje de la costanera.
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viernes, 15 de agosto de 2008
si los relojes se paran
En la mañana una carta que empieza "me ha despertado el temblor", es poesía digo, pero no y por las dudas la pregunta a todos y a nadie:
- ¿hubo temblor? y casi a coro se escucha ¿no lo sentiste? sigo leyendo, recién ahí empieza la poesía.
Al almuerzo, mientras se repite el rito de la mirada al frente lejana, ausente y conscientemente presente en otro lugar, una pregunta insistente ¿de verdad no sentiste el temblor?, ¿y el del sábado? ahora la mirada regresa y se detiene en la expresión incrédula de ella:
- ¿tembló el sábado?
El teléfono suena y al otro lado una voz que pregunta si fue terremoto, con dejo de preocupación. ¿Qué terremoto? le digo y ella menciona el noticiero local, que fue fuerte, que tembló.
- ¿tembló? ¿Será que los relojes se han detenido?
Muchas veces la loca idea que al abrir la puerta o la ventana lo único cierto va a ser el piso flotando en la nada, rodeada de infinito y que todo y todos han desaparecido.
No es para asustarse, sólo está la duda sobre que hacer primero, si sentarse a escribir lo ocurrido y las sensaciones que eso genera o ingeniarse la manera de saltar a ninguna parte para averiguar que pasó.
Es un juego de sábado de invierno o domingo de verano a esa hora en que no se sienten ni ramas, ni hojas ni aleteos, como si hasta el aire se hubiera ido y ya las voces no existieran. Cuando todos están concentrados en sus propias vidas. Y la única certeza posible es que no hubo temblor, no fue terremoto y sin embargo es como si la tierra se hubiera sacudido hasta quedar vacía.
Parece que los relojes se han detenido.
¿Y si los relojes de verdad se paran? ¿volverá a temblar la tierra? ¿quedará todo suspendido en la nada?. ¿Y con la magia, qué? ¿el sol seguirá ocultándose teñido de amarillo intenso en ese instante mágico en que lo miramos emocionados? ¿la ternura va a seguir quedándose suspendida en las miradas húmedas? ¿las risas seguirán vivas explotando al entrar en contacto con el aire?
Por un instante hay silencio, lo rompe un tic tac y ese sonido es la dulce evidencia de que, aunque se paren los relojes y la tierra sacuda la cabeza alocada, la magia permanecerá.
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esta fue una de esas 'ideas en borrador' en el otro blog hace medio año, que quedó colgada sin calzar en ese entorno. Con ligeros cambios la he traspasado por ser más propia de éste.
jueves, 7 de agosto de 2008
cuando la vida
domingo, 6 de julio de 2008
ver la lluvia caer
Nos sentamos a la mesa, me cuentas tus planes, te miro sereno y tranquilo como has sido siempre, y me produces más ternura que otras veces; me emociona saber como crees en la existencia, en el seguir haciendo el camino, en la vida en pareja a tus ochenta y un años.
Me encanta como se disfruta la tranquilidad y el silencio, el olor a tierra, el rumor de las ramas de esos nuestros árboles erguidos de tantos años.
Cosechamos limones, los tuyos sesenta y a mi me toca completar los trescientos noventa mientras tu recoges la acelga; ciento quince higos pongo en el canasto, los dos últimos al momento en que empieza el aguacero y corro para proponerte tomar, mientras llueve, algo caliente.
Recorro la casa de siempre con los ojos que tratan de evitar las lágrimas; una vez más quiero retener cada detalle, cada espacio, todos los árboles y las plantas; me quedo con el trino de algún pájaro sobre el nogal, con el aire ligeramente tibio y el color del cielo de la tarde que ya casi se va.
Le recogemos a ella, a mi madre, que nos espera. Me emociona verla contenta de su tarde de campo y de tu llegada, para ya juntos emprender la vuelta a Quito, igual como cada día desde hace cincuenta años emprenden la vida y vamos por la subida de Guápulo ... al llegar a casa sacamos los limones, los higos, la acelga y me traigo a estas lejanas tierras esa alegría tan básica, tan intensa y vital, tan tuya y de ella, como el olor de la lluvia en la tierra.