- hola, buenos días, saludó el hombre sentado en la van.
Le respondí de la misma manera y por un segundo sentí la cercanía de esa forma de saludo que me transportó a amigos queridos. Me senté junto a él y repetí el saludo sólo por gusto, al tiempo que miré su rostro atractivo y pensé no es chileno.
Tomó un gran maletín de cuero café, de ese cuero que invita a ser tocado, lo acomodó sobre sus rodillas y se alejó un poco hacia la ventana. Nadie habló hasta que la van se detuvo.
- ¿Dónde estamos?, pregunté. Quería oir su voz de acento del otro lado de la cordillera. Me explicó con precisión el lugar. Sonó uruguayo y sonreí internamente.
- ¿Eres argentino? pregunté a sabiendas de la respuesta y él aclaró su procedencia. Sonreí otra vez.
- Allí nacieron mis hijos, me contó cuando le dije que mi destino era Quito. En Chaupicruz, dijo, con una linda sonrisa.
El mismo vuelo hasta Lima. El tomó el avión hacia Caracas, para en pocos días más, pasar por Quito.
Hablamos de Santiago, que vivimos cerca, de perros, de barrios, de ciudades, de política y por último, inevitablemente, nos quedamos en Benedetti.
Le respondí de la misma manera y por un segundo sentí la cercanía de esa forma de saludo que me transportó a amigos queridos. Me senté junto a él y repetí el saludo sólo por gusto, al tiempo que miré su rostro atractivo y pensé no es chileno.
Tomó un gran maletín de cuero café, de ese cuero que invita a ser tocado, lo acomodó sobre sus rodillas y se alejó un poco hacia la ventana. Nadie habló hasta que la van se detuvo.
- ¿Dónde estamos?, pregunté. Quería oir su voz de acento del otro lado de la cordillera. Me explicó con precisión el lugar. Sonó uruguayo y sonreí internamente.
- ¿Eres argentino? pregunté a sabiendas de la respuesta y él aclaró su procedencia. Sonreí otra vez.
- Allí nacieron mis hijos, me contó cuando le dije que mi destino era Quito. En Chaupicruz, dijo, con una linda sonrisa.
El mismo vuelo hasta Lima. El tomó el avión hacia Caracas, para en pocos días más, pasar por Quito.
Hablamos de Santiago, que vivimos cerca, de perros, de barrios, de ciudades, de política y por último, inevitablemente, nos quedamos en Benedetti.