jueves, 5 de junio de 2008
viernes, 30 de mayo de 2008
ciudad
hace dos días que camino por mi ciudad, despúes de poco más de un año, la de mi historia y mis raíces, en la que se pronuncia el idioma con todas las letras y sin aspaviento; la que mezcla las calles de adoquín con el pavimento.
La de la lluvia como diluvio que termina en una esquina para que brille el sol en la siguiente y donde el frío de altura, de dosmil ochocientos veinte metros ecuatoriales, lo tenía olvidado porque siempre me recibió con sus vestidos primaverales.
Hace dos días que siento a ésta mi ciudad, la de los cielos que empiezan donde terminan las calles que suben y que parece que se fueran a descolgar en las nubes; la que conserva lo colonial junto con lo nuevo.
No es aquella en la que vivo ya tantos años que suman más de los que vivi en ésta, esa que es como propia y que conozco tan bien. No, esta es la de mis amores más básicos, mis sentires históricos.
Ésta, la que se despierta exactamente a las seis de la mañana y oscurece con exactitud a las seis de la tarde, sin saber de estaciones ni calendarios y que al medio día no conoce de sombras por su habitar en la mitad del mundo y que sin escándalo se adorna de lomas, montañas y eternos nevados.
Un poco más de un año no es tanto, pero talvez siempre se sienta como tiempo largo.
martes, 27 de mayo de 2008
ciudad de otros
Te camino, te recorro lenta y pausadamente y siento como otros te hacen suya andando por tus rincones, por tus calles frondosas de árboles de verano y esqueletos tristes de invierno.
Te camino, te miro y también te sonrío, pero no llego a amarte como amo a la mía; tu abrazo acogedor no me alcanza, no me llena del todo aunque te disfruto y te siento, porque también me perteneces día a día. Te tengo confianza y me conmueven sin asustarme tus dramas y tus historias oscuras.
Y por más que quiero y lo intento, no puedo todavía sentirte mía...
cuando sea grande
miércoles, 21 de mayo de 2008
reloj
ciudad de otros (*)
Te camino, te miro y también te sonrío, pero no llego a amarte como amo a la mía; tu abrazo acogedor no me alcanza, no me llena del todo aunque te disfruto y te siento, porque también me perteneces día a día. Te tengo confianza y me conmueven sin asustarme tus dramas y tus historias oscuras.
Y por más que quiero y lo intento, no puedo todavía sentirte mía...
(*)Estoy en las vísperas de ir a la mía y he traido desde ese otro espacio.
sábado, 17 de mayo de 2008
llama
No se llama flama, ni candela; se llama llama.
Aunque los que saben de ciencia le dicen "lama glama" llama se llama. La más andina de los Andes, la más serrana de todas, de lana fina, de ojos de almendra grande; esbelta y doméstica. La más bella y cercana.
La de la leyenda Inca que nació del enojo de Viracocha, el dios indignado por el amor prohibido de una pareja de enamorados y que cuando mira lo hace, segun el mito, con ojos de mirada humana, sin disimular el orgullo de provenir del Incario.
martes, 13 de mayo de 2008
en el muelle
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Marzo 31. No puedo precisar la hora; en el muelle no hay gente y hace días que no me sirve el reloj.
Me arreglo el gorro, me protejo las orejas. En el horizonte se esbozan sombras de barcos que se alejan. Siempre quise trabajar en uno, pero mi pierna inútil me lo impidió.
Miro hacia atrás, un hombre se acerca; su figura joven se contrapone con el rostro pálido y envejecido y cojea de la pierna derecha . Cuando estamos frente a frente siento algo así como un metal helado que recorre mi espalda, intento hablarle pero siento su mirada fría e intensa que no me deja.
En el horizonte, ya no se distinguen los barcos y el sol se oculta dejando una estela luminosa dorada.
Enfrento al hombre y me veo a mi mismo, enjuto y frío. Hoy es el último día, sumo la vida, los amores y también los sinsabores. Es el momento de hacer presente este, el último recuerdo.
Caminamos al infinito el hombre y yo, fundidos en un rayo de sol.
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Enfrento al hombre y me veo a mi mismo, enjuto y frío. Ahora comprendo que el salto desde el muelle fue fatal; ahora sólo queda recoger este último recuerdo.
Marchamos al infinito, el hombre y yo, fundidos con el último rayo de sol.
jueves, 8 de mayo de 2008
historia pendiente (2 de agosto de 1810)
Su madre le puso por nombre Quinde.
A ella le gustaban los picaflores; desde muy niña corría tras ellos y de a poco aprendió a moverse tan suave e imperceptiblemente que ya no la sentían, entonces se quedaba quieta, absorta mirándolos mientras tomaban el néctar de las flores.
Ella, la muchacha, ese día, el segundo de agosto de 1810 acompañó a las hijas del hombre que luchaba por la independencia a visitarlo en la prisión. El junto a los otros detenidos que habían formado una Junta Soberana que desconocía a las autoridades nombradas por la Corona, fueron fusilados al momento de la visita, “Quiroga protegió con su cuerpo a sus dos hijas, mientras que la criada -que era una robusta mujer de raza negra, que se encontraba embarazada- se lanzó de rodillas al piso para proteger a su señor, implorando piedad a sus verdugos. Uno de los soldados respondió al clamor, de la manera más execrable, asestándole un sablazo que dejó postrada y para siempre a la fiel e infeliz mujer". Ella fue sacada del lugar junto a las niñas y a los pocos minutos nació Quinde, casi sin ayuda mientras se vivía la tragedia en la casa.
Quinde creció libre como un colibrí ajeno a los sucesos del lugar. Corría por el campo imitando el canto de los pájaros mientras iba a cumplir con los mandados y los recados sustituyendo a su madre imposibilitada de trabajar. Desde el nacimiento y durante los primeros años fue atendido por las otras mujeres de la casa que lo mimaban y prodigaban todo tipo de cuidados, al igual que a su madre.
Cuando creció, Quinde entendió que no sólo podía cantar como un pájaro, sino también que era capaz de volar y desde ese momento empezó a planificar su vuelo. Se paraba al borde del precipicio y mirando a lo lejos agitaba sus brazos tratando de sintetizar los distintos movimientos que observaba en todas las especies de la zona. Al mismo tiempo empezó a confeccionar con las plumas que encontraba en sus andanzas un par de alas sobre una base de hilos que se robaba de las hilanderas, perfectamente templados en flexibles y livianas cañas. Con los mismos hilos tejió pacientemente cordeles que le servirían para fijarlas a los brazos.
Al cumplir los trece, nueve días antes de la muerte de su madre, dio por finalizada la confección de esas perfectas alas y en las tardes de esos días, antes del ocaso se las probaba y se lanzaba desde cuanta loma encontraba. La mañana del día en que quedó huérfano pudo cruzar de una a otra loma y volvió radiante de felicidad a contárselo a ella, que compartió la felicidad de Quinde al tiempo que sus ojos brillaron con la misma alegría. Pocos minutos después y mientras sostenía la mano de él, ella cerró sus ojos para siempre.
Quinde en ese instante y a pesar de las lágrimas se sintió poderoso, con una energía que no había sentido antes. Después de enterrar a su madre corrió en busca de sus alas, se las puso y se acercó al precipicio, entonó el canto del picaflor y voló…voló sobre el monte, sobre el río, cruzó montañas, selvas y planicies y de pronto se vio frente a una inmensidad húmeda y brillante teñida de oro y rosa, flanqueada por una inmensa esfera dorada que se escondía en el horizonte.
Hipnotizado se acercó lo más que pudo a ella y al dar una voltereta en el aire vio detrás suyo seres alados que caían sobre las aguas atrapando peces entre chillidos y juegos. Entonces fue que entendió el sentido de su nombre que aunque sea el del ave más pequeña, que en quichua significa colibrí, el siempre fue un pájaro; fue también entonces que se supo por qué la historia nunca registró su nacimiento.
(*) http://www.edufuturo.com/educacion.php?c=4220
miércoles, 7 de mayo de 2008
por hoy nomás
A saltar en solitario al ritmo del contraste sin pisar los cables, sin pensar, sin asentar los pies en tierra.
Así, sin más.
lunes, 5 de mayo de 2008
haciendo equilibrio (o conjugando el sinsentido)
El juego entre la seducción y el desapego.
El juego sobre la misma hoja pero caminando por el filo.
El juego de levantar la cabeza en el extremo mismo.
El juego...
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II
Y juego, sin miedo , juego al riesgo.
Y juego al mismo juego que jugamos todos.
Sí, juego mientras se esconde tras la hoja el peligro.
Si, juego...
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III
Y tu juegas, avisando del sinsentido.
Y tu juegas pisando la superficie rugosa de la hoja, llevando a los otros al filo.
Sí, juegas pero sin arriesgarte al olvido.
Sí, juegas...
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IV
Nosotros jugamos porque nos gusta como le damos sentido.
Nosotros jugamos y también hablamos del peligro.
Nosotros jugamos tu con miedos, yo con equilibrio.
Y ellos juegan sin mirar este juego, ajenos a lo vivido.
Y ellos no juegan en esta hoja ni en el borde ni en el filo.
No, ellos no juegan por lo menos en esta hoja, en ésta la del desafío.
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FINAL (un punto aparte)
La seducción de lo que vibra con lo intenso; el necesario riesgo que es y no; el caminar por el borde, el ignorar la gravedad.
Jugar a que la vida es como la hoja que no sabe del viento, que no sabe que si sopla arrasa y que lleva como único argumento verdadero y seguro el desparpajo de la levedad.
Nada se pierde en el intento, sólo se le gana al tiempo: un día más.
Quizás mañana la orilla esté húmeda, resbalosa y entonces se haga presente la avisada caida, el final del andar...andar provocando a la realidad.
sábado, 3 de mayo de 2008
entre las piedras y yo
mojadas, inhertes; paso cerca de ellas casi cada tarde ¿de dónde vinieron, cuántas aguas las bañaron antes, qué les hicieron para que fueran tan iguales?
Calladas saben de mi andar, cuando hace un tiempo, trataba de escuchar desde alguna ventana la música de los dos.
Testigos de piedra vieja que nos han visto pasar sellando en su humedad esta historia de acentos distintos y que queda sólo entre ellas, él y yo.
lunes, 28 de abril de 2008
domingo, 27 de abril de 2008
invitación
viernes, 25 de abril de 2008
habitantes del bosque
Soy única para tí y tu me bastas, eso lo sabes.
Por más que otras flores te ronden y lancen sus dardos de polen al centro de tu tallo; aun cuando otras de muchos colores agiten sus corolas o lleguen con sus aromas intensos, sabes que permaneceré en tí y seré tu centro y tus hojas me rodearán amorosamente y me sentiré cuidada por tus ramas.
Y tus hojas conversarán con mis pétalos y siempre nos contaremos historias de gnomos, no dejaremos de imaginar pequeños seres mágicos saltando entre nosotros y conservaremos la capacidad de asombro cuando los insectos nos caminen o nos besen.
Y me dejas en tu interior porque sabes que nadie te conmueve como yo con mis fantasías florales; porque un día el sonido del roce de mis pétalos te hizo buscarme entre todos los capullos; porque despierto en tí la ternura cuando me ves erguida y digna acercarme a tí al momento que la brisa del bosque me empuja. Porque ese mismo día un rayo de sol atravesó las copas de los árboles, me iluminó, me volvió transparente y pudiste ver en mi interior la misma savia que a ti te recorre; porque me sabes flor leal y compañera.
Y me quedo en ti porque me gusta como combina mi fuccia fuerte con tu vasto verde; porque el rumor del roce de tus hojas me emociona y me gustas lleno de nervaduras; también porque te estremeces al ritmo de los cantos de la floresta. Y te admiro porque eres libre y así vas y vienes por este y por otros bosques lejanos sin confundir el camino de regreso guiando a árboles grandes, a arbustos y plantas de otras selvas, porque el resto de los habitantes verdes de la espesura te miran con respeto y siguen la trocha que le abres.
Y juntos nos complementamos como ninguna otra flor con su planta y tus hojas me acarician y mis pétalos te tocan suavemente y me dejo. Y tu te resistes a la intensidad del color que me viste y te asustas porque crezco en ti con las mismas-raíces-diferentes, pero sin mezclarnos ni confundirnos y tu te mantienes glauco y yo encendida. Y aunque no quieres...por ahora, también te dejas.
martes, 22 de abril de 2008
mantel a cuadros
Escuchas lejana la música, que a esas horas parece pedir permiso para no despertar a los trasnochadores. Miras a través del pequeño marco cuadrado por el que penetra la tímida luz mañanera que no se atreve a entrar del todo por no romper el encanto de éste, el único instante tuyo.
Te inquieta que el tejado de la casa de al lado hoy no esté dibujado de palomas. Te tranqulizan los sonidos con el eco que la noche olvidó y sientes la voz de abuela que ha recogido un huevo recién puesto para tí.
Todavía con la magia en los poros, te miras al espejo y te repasas el peinado, siempre hacia atrás y que te da aire de hombre serio, como dice abuela.
Mientras bebes el último sorbo de la taza te despabilas y miras a tu derecha, ella responderá que sí acepta ser tu mujer. Ahora viene tu turno, tragas el último pan con mantequilla y aclaras la voz, dirás que también aceptas. Intentas, de nuevo, preservar en el recuerdo este ritual de las siete en punto.
A lo mejor es el último.
viernes, 18 de abril de 2008
juntos por el camino
Yo con tus cosas, tu con las mías; aunque no, tu con las tuyas y yo con las mías, que no se mezclen porque ya son una.
Tu con tus pausas y yo con mis apuros de hacer lo que talvez mañana se nos haga dificil; cuánto deseamos hacernos más liviano el trecho.
Hablas con tus silencios que acompañan mi reposo y me das la mano en mis titubeos cuando no sé a que iba.
Y así vamos; sabemos perfectamente que quiere el otro, no necesitamos de palabras porque las sonrisas cómplices develaron nuestras almas, el tacto los deseos y los ojos los corazones. Ahora poco nos miramos, no nos alcanza la vista y cuando lo hacemos nuestras miradas cansadas nos brindan alivio.
Y así seguimos juntos, por ese largo camino...
jueves, 17 de abril de 2008
pisando sombras
camina por el cemento que le cruza la vida, haciendo equilibrio, buscando destellos, pisando sombras...
lunes, 14 de abril de 2008
domingo, 13 de abril de 2008
y entonces, me despojo
Y ni la música me reconforta ni la noche me acoge y camino sola, ajena, lejana a mi misma; me alejo por caminos que no conozco, bosques oscuros que me siguen con sus ramas fantasmales y corro en desiertos de arenas quemantes, buscando ese arroyo que me lave, que me limpie el sentimiento y apacigüe este fuego que me quema, esta llama que se enciende como tratando de iluminar mi ser para que no se apague mientras yo soplo para extinguir su brillo porque hiere mis ojos, quema mis pupilas, las mismas que te miraron, que te recorrieron centímetro a centrímetro extasiadas por tu presencia.
Y no encuentro el vital elemento para que refresque mi garganta seca, lastimada de tanto gritar tu nombre. Y no me encuentro a mi misma y toco sin hallar mi piel, mis manos y mis pies ya no sienten las piedras y mi boca ya no exhala vaho en esta helada noche de este mi invierno sin ti en medio del verano de sol arrogante.
Y me alejo, no pienso, no siento, no soy...por ahora, porque cuando el sol se oculte y el agua me bañe volveré a sentir la música, regresaré para ser la misma que fui, la que voló junto a los pájaros...
viernes, 11 de abril de 2008
en cualquier lugar
y talvez la tarde, cuando se vaya, me traiga en su brisa tu aroma;
y quizás al sentirlo me lleguen con el tus palabras;
y.¿quién sabe? en ese momento vea tu rostro, tu imagen lejana -por ahora- que mira el mar, se baña en vientos cálidos y respira aire salino;
y entonces te pensaré y tu pensamiento vendrá a mí y diremos que fue coincidencia, una más;
y como muchas veces nos pasa, te escribire unas palabras y en ese momento me llegarán las tuyas, comentando algo del día o nombrando un lugar y ahí nos quedaremos, como siempre, en ese, en cualquier lugar, por mucho tiempo inmóviles, hablando, mirándonos, mimándonos, sintiendonos
miércoles, 9 de abril de 2008
domingo, 6 de abril de 2008
por andar en las nubes
¿Será talvez que corro el riesgo, de cuando se derrita, caer dispersa, convertida en húmedos suspiros, en lágrimas del cielo y pase a formar parte de la tierra?
sábado, 5 de abril de 2008
jueves, 3 de abril de 2008
sólo decirte
tengo ganas de decirte
no por ir contra corriente
ni por un porfiado afán de ceguera
tampoco como reivindicación
del optimismo
algo muy simple
y es que me gusta estar contigo
caminar por nuestras calles
mirar juntos los atardeceres
saber que la música
que me emociona
es la misma que a tí te apasiona
que cuando pronuncias ciertas palabras
me resuenan por ser propias
tengo ganas de decirte
nada más para que lo sepas
sin ningún afán de nada
simplemente que te quiero
miércoles, 2 de abril de 2008
pasos
Piensa en marcharse a lugares lejanos, piensa que puede y sueña con la aventura de hacer mucho por otros que no tienen mucho.
va por la calle, anda, vuelve, desanda y entonces siente como el miedo le recorre, le para. No miedo al partir sino a dejar y piensa en los cariños que tiene y los que no tanto.
Ya una vez dejó y sabe como es no regresar; sabe lo que es ir con cajas de un lugar a otro y no abrirlas, no sacar las fotos ni los recuerdos porque talvez, a lo mejor, puede ser que haya que volver o partir y entonces siente miedo a no ser capaz de dejar el miedo.
Se para en la puerta de su mundo, al frente el imaginario, atrás el verdadero pero no certero, piensa que puede ser más seguro lo que no es seguro pero si cercano, conocido, lo que con el tiempo se volvió familiar, cotidiano; piensa que en aquel lugar puede tener algo parecido a lo suyo pero no, no será igual y seguirá buscando.
Sabe que habrá más soledad y no le importa o si. Sabe. No, no sabe.
domingo, 30 de marzo de 2008
extraño fenómeno: bolas de fuego cruzan cielos
Se informa que ayer por la noche cruzó por el firmamento algo parecido a un cometa. Nuestras fuentes no pudieron precisar su forma exacta ni origen, aunque manifestaron que era similar a una bola de fuego.
Una vez consultado con los expertos se pudo establecer que el fenómeno fue visible en todos los cielos debido a la intensidad del mismo, sin tomar en cuenta consideraciones horarias o luminosas; incluso fue avistado en lugares enclavados en la línea ecuatorial y a pleno medio día.
En el transcurso de la noche se pudo apreciar que cruzaron formas similares pero de menor tamaño e intensidad en varias ocasiones, sin causar daños ni dejar huellas.
Estaremos atentos a nuevas informaciones.
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Despacho de última hora
Hace pocos minutos se recibió la llamada de una mujer no identificada, la que solicitó a la ciudanía mantener la calma; expresó que el fenómeno ocurrido durante la noche fue ocasionado sólo por un momento de felicidad extrema junto a su amor desconocido quien siempre sostuvo en su mano una pastillita azul. Seguiremos informando.
AZULPRESS
viernes, 28 de marzo de 2008
cristal de corazón
"con cada beso tuyo, con cada caricia se llena de brillos el corazón y adquiere la apariencia de cristalitos de color"
palabras recitadas por una niña de quince años que mira a la luna sentada en una roca y que hipnotizada por su luz no se entera que la acaricia el mar hasta que le convierte en estatua de sal
martes, 25 de marzo de 2008
anuncios de otoño
domingo, 23 de marzo de 2008
quimera
pienso en lo que no somos,
en tu aparecer,
en las coincidencias,
en tus ímpetus de diciembre,
en todas las palabras bellas
para mi nuevas,
sentidas, sinceras
pienso en lo que parece un sueño,
en tu afán de conquista, en mi entrega,
en esas preguntas casi al azar
¿cuál es tu número, el tres, el nueve?
¿son compatibles, traen futuro?
simbología para mi desconocida,
palabras que mis oídos sólo oían
palpo, miro tus regalos
tu obsequiar generoso
como buscando llegar
a la quimera de algo compartido,
pienso en el dar del que yo no sabía,
en el recibir con ternura
con alegría
y me pregunto sobre el sentido de la quimera
que sin buscar, en mi se hizo presente,
en el por qué de no desafiar
al miedo que te ronda intransigente,
y te aleja del amor
haciendo que lo que sabe a cierto
no pueda ser verdadero
sábado, 22 de marzo de 2008
la torera
A la hora de la sobremesa, una vez más se sintió el alboroto de cuando ella subía por la calle. De chaqueta amplia y falda larga descoloridas, sombrero de ala ancha y un largo pañuelo rojo que le aleteaba en el cuello. Su figura menuda y saltarina se apoyaba en un bastón, el que de rato en rato blandía para alejar a los que salían a su paso. Los labios pintados de rojo intenso como las mejillas, que distraían las miradas del rostro cubierto de polvo blanco. Era una mezcla de niña traviesa y anciana cansada.
Corrían tras ella gentes de todas las edades. Las vecinas entreabrían las puertas y sus rostros adustos repetían una frase, ya viene "la torera”; más de alguna se paró al frente mirándola con desenfado.
Ana, una vez más, sintió miedo. Su madre, de suave y pausada voz, le dijo:
- No temas. También yo desde niña la vi pasar igual que ahora; nunca he sabido su nombre, su edad, ni a donde va o de donde viene. Es solo una anciana solitaria. Anda, mírala por la ventana, sonríele y que tu sonrisa le acompañe.
Al momento que sacaba Ana su cabeza hacia afuera, dos ojos oscuros, grandes, tristes se hincaron en los suyos. No supo qué hacer y una sensación extraña le impidió hablar mientras dos lágrimas rodaban por sus mejillas.
De repente, a los cinco años y aunque rodeada de una gran familia, empezó a sentirse sola, infinitamente sola, con una soledad que todavía está presente. Aún ahora, después de tanto, recuerda esa tarde y siente las mismas ganas de llorar.
Al crecer más empezó a salir a la calle y un día, ya pudo seguirla, por el barrio, sin pedir permiso; luego el barrio creció y se hizo ciudad y Ana siempre atrás, a su mismo ritmo sin hablar, sin preguntar.
Subían por calles angostas y empinadas, y cuando estaban a punto de pisar una nube, la calle curvaba bruscamente y empezaba el descenso, casi a la carrera; la anciana daba saltitos rápidos y Ana a empellones, tratando de no caerse en los adoquines y evitando tropezarse con los que salían al encuentro.
Era feliz corriendo tras ella. A veces tenía que frenar bruscamente para no enredarse en la falda negra, que volaba hacia atrás; otras debía acelerar el paso porque la anciana casi flotaba, sobretodo cuando se acercaban a las nubes.
Hasta ahora le acompaña el viento que silva entre los muros, entre los techos de las casas y entre los árboles de los patios, al ritmo del agua que se siente correr y al de la risas de mujeres que lavan tras ellos.
En esas andanzas aprendió a caminar en silencio, ignorando a los que se cruzaban; aprendió a seguir pegada a los adoquines para no saltar a las nubes; aprendió para que lado debía curvar en las esquinas y así no repetirse las mismas calles todos los días.
Una de las pocas tardes en las que estuvieron solas, la anciana se dio la vuelta y con dulzura y sonriente le prestó el bastón a Ana. Le enseñó a moverlo y estuvieron practicando hasta que el cielo se tornó rosado y las montañas se perfilaron. Muchas tardes parecidas le pasó el madero de mango redondo, para que ensayara cada movimiento..
Le enseñó a reconocer las miradas y a hablar con los ojos. En esta ciudad la gente miraba a los ojos, burlona, triste, alegre, rabiosa, sincera. No era necesario usar muchas palabras para decir las cosas. Le gustaba a Ana encontrar miradas cómplices, las había muchas.
Con ella, Ana entendió los gestos. Las cabezas de las mujeres y hombres mayores que se inclinaban levemente para saludar; las cejas de muchos expresando aprobación o enfado; las muecas de desagrado de las mujeres en las puertas de las casas; las sonrisas temerosas de los niños pequeños; las mejillas sonrosadas de los adolescentes que se besaban en las esquinas y las narices levantadas y de mirada huidiza de las que salían de las Iglesias.
En ese tiempo Ana se olvidó de la soledad. El recorrer calles no daba tiempo para soledades.
Una mañana, cuando los pájaros saludaban y el sol sin calentar todavía empezaba a proyectar sombras largas desde atrás de las montañas, ella la miró triste; otra vez sus ojos se encontraron, y al mismo tiempo a ambas les brotaron lágrimas. Las de ella se quedaron quietas y las de Ana no dejaban de correr por sus mejillas, mojándole el pelo que le caía sobre el pecho. La mirada de la anciana se vació en la suya. Otra vez, y ahora sí con ímpetu, la soledad la inundó. Sus ojos oscuros se elevaron hacia el sol y vio como la anciana se elevó hacia las nubes, dejando a Ana en medio de esa ciudad, llena de pájaros bulliciosos, que todavía no despertaba.
Cruza ahora la calle con chaqueta ancha de otros tiempos, la falda larga y descolorida que se mueve con el viento. La bufanda roja trata de amarrarla al cuello para que no se enrede con el bastón que ahora tiene el mango más dócil.
Cuando sale el sol se pinta los labios, se pone polvo de arroz en la cara y sonroja sus mejillas con el mismo color de la boca. Sus botines tienen el taco gastado de tanto frenar en las calles que bajan de las nubes. Las medias negras tienen un punto corrido pero lo disimula al caminar como si diera saltos.
En la cartera negra, Ana, lleva las cartas que llevaba ella, y ha guardado otras que algún loco enamorado que se las deja en la noche, cuando la luna aun no sale.
Todavía mientras mueve el bastón para alejar a los impertinentes, recorre gestos y miradas, sonrisas y muecas. Ansiosamente busca en las ventanas la mirada de una niña de cinco años, que acompañada de su madre, un día vea pasar a una flor disfrazada de zorzal. Quiere enseñarle los secretos para ahuyentar la soledad.
martes, 18 de marzo de 2008
a veces, sólo a veces
la vida te despierta del letargo
con una voz que aparece de la nada
y te llama y te acompaña.
Pero a veces y sólo a veces
queremos escuchar alguna voz lejana
y nos conmovemos como si fuera propia
y nos entregamos como si fuera amada.
Y es entonces, que por única vez
nos reconocemos en el otro cuerpo
integramos sus sonidos y sus gestos
y desplegamos las alas de pájaro solitario
para cubrirnos de a dos en un solo vuelo.
lunes, 17 de marzo de 2008
pregunta
escuchar su respiración muy cerca
respirar con él el mismo aire,
sentir su acento de tono bajo susurrándo al oído,
reconocer con las mías sus manos
recorriendo mi cuerpo,
sentir el suyo y su piel contra la mía
mientras enredo mis manos en su pelo
y pruebo su boca con mi boca
con mágica locura, con caricias, con ganas infinitas,
hasta desplegar el vuelo confundiendo nuestras alas,
desparramando nuestras plumas,
alcanzando el cielo…
Cómo será?
festejo
enfila en el cortejo,
no cortejo de difuntos
ni cortejo nupcial
sólo el cortejo de la vida
que desfila ante mis ojos
ante los tuyos
antes los de los otros
¡vamos! que hoy nos espera
el regocijo
si, hoy tenemos festejo
por motivos no concretos
festejo de estar vivos
de sentir,
tan sólo eso
que no es poco, pero si perfecto
domingo, 16 de marzo de 2008
amor antiguo
el nuestro, es un amor antiguo
que pareciera haber estado siempre,
sin hazañas de conquista,
sin escándalos de seducción.
nuestro amor no es de palabras
ni de declaraciones,
en el no hay los te quiero,
ni tampoco los no me olvides.
en nuestro amor hay silencios
acompañados de tiernos susurros,
de abrazos que siempre fueron
de delicados besos y caricias dulces
nuestro amor no es corriente
pero si cotidiano
es transparente, es intenso
es vivo y presente
gritos ahogados
Es que algo quedó en Ana, que se aviva aun después de haberlo sacado. Y no depende de ella, sólo que se le vienen todos los gritos y descalificaciones que recibió y el golpe que le lastimó. Regresa a ella también la sensación de muchas veces haber gritado para tratar de que no siguiera y también las veces que con los puños apretados pero sin fuerzas, impotente, trató de acallarlo, hasta que aprendió que no había que hablar, que era mejor aparentar se mansa y sorda.
Pero sobretodo, lo que más le duele a Ana es la impotencia frente a esos pequeños seres que oían los gritos cuando dormían y recuerda todas las horas que acarició sus cabecitas y les llenó de besos en sueños como tratando de suavizar lo que habían sentido y que ausentes a los llantos contenidos o los ojos hinchados un día le preguntaron "´¿mamá, por qué nunca te ríes?.
Pero no, esas rabias callejeras no le duran mucho, cada vez menos, lo suficiente como para que el agresor lo perciba. Porque es agresor no sólo el que golpea, sino el que grita sin parar y sin razón, el que decide por ambos sin consultar, el que intimida con amenazas, el que descalifica, el que insulta cobardemente, el que usa el arma de la plata para controlar, el que quiere seguir interviniendo en la vida de Ana, su víctima, en las de tantas Anas que no quieren producir lástima, que no quiere que les digan "pobre", pero que saben bien de lo que hablan los que se dicen expertos y que talvez no lo vivieron o que también fueron agresores...y no importa cuanto tiempo pase, dice Ana, se perdona pero no se puede olvidar...no se olvida.
Y todo eso vuelve a ella a veces, como cuando sonó por primera vez esta canción y no pudo seguir oyéndola y recién al tercer intento voluntario y respirando hondo pudo escucharla completa, pero aun así al oirla no puede evitar que se le apriete el estómago y que los ojos se le humedezcan.
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¿cien o mil?
dos
tres
sigo contando hasta diez, respiro profundamente y ya llego a cien.
cuatro
cinco
seis
quiero pensar que no aprendí a contar mas allá de mil.
siete
ocho
nueve
diez veces diez mas cien veces mil suspiros cienmil.
cinco
siete
nueve
¿cuántas veces digo cien, cuántas tu dices mil?
tres
siete
diez
no nos ponemos de acuerdo ni en cien ni en mil.
sábado, 15 de marzo de 2008
traida por emisario
No te pregunto como estás porque sé que todo está bien para tí; también sé que nada te perturba ni te emociona y comprendo que tu capacidad de ser máquina sin tiempo, productor de emociones ajenas, relator de azañas lejanas ha logrado imponerse por sobre todo sentimiento.
Hoy sigo sola y mi corazón ya no se emociona como hasta ayer imaginando tus manos, mis labios ya no desean tu boca y mi alegría, esa que reclamabas no conocer se ha hecho presente y finalmente ha vuelto a ser mi compañera.
Esta mañana abrí los ojos y un rayo de sol me dio un beso. El árbol junto a la ventana parece cajita de música y sus habitantes saltan de rama en rama en un juego interminable. Los miro y me regocijo con ellos.
¿Que si fue bello lo nuestro? Escucho esa pregunta en tu voz aunque no la pronuncies. Talvez lo fue, no lo recuerdo, pero si escucho mi propia risa vacía mezclada con tus palabras siempre bien dichas, perfectamente pronunciadas como en cada uno de tus escritos. No, no creo que lo fue si es a la belleza de tu regocijo a la que te refieres, porque mientras yo reía tu tejías historias ajenas sin darte cuenta que con mi risa quería que tejiéramos juntos la nuestra. No, no lo fue aunque parezca bello el intento.
Te dejo esta carta como recuerdo y aunque mis palabras no alcanzan en profundidad a las tuyas sé bien que será parte de tu próximo cuento, será un pedacito de ese interminable texto que escribes a diario como cápítulos de tu aun no reconstruida vida.
Con ésta te dejo un beso, lo ves? es la manchita carmín del sobre que pusiste a un lado, la misma que al abrirlo pensaste que era una mancha dejada en un momento de descuido por el emisario.
Te beso
viernes, 14 de marzo de 2008
piedras de río
Mira el cielo desprotegido sin nubes y la inmensidad del cañón en el que está metida no le sobrecoge como cuando era niña, todo le es indiferente esta tarde en el que muchos rostros se le aparecen, como proyectados en las rocas de los muros de piedra que le rodean. No siente, no piensa, sólo avanza sin perder esa expresión de niña perdida.
Tras un largo andar el azul ha dejado paso a la noche y el aullido lejano de los perros le produce un ligero estremecimiento pero no para. Ya no ve las piedras, ya no reconoce el camino que sigue el río, pero si escucha el golpe del agua más cercano e intenso y desea con ansiedad sentir el frío húmedo en su cuerpo, el abrazo de espuma, el ruido envolvente de la corriente y sin embargo no le llega aun cuando sus manos ahora tocan las rocas, las piedras ayudándoles a sus pies a seguir. Por momentos las rodillas sirven de sostén para la marcha.
No quiere ver más el cielo azul, no le interesan las nubes ni el verde circundante, se siente cómoda en lo oscuro y aunque ya no siente sus pies por tanta agua que han pisado no cesa en su intento por convertirse en sirena de agua dulce, en ausente permanente, en el recuerdo de algunos.
Por fin el agua le ha bañado y ahora es parte de ella, aunque Amina ya no la siente, no lo sabe...

