jueves, 7 de agosto de 2008
cuando la vida
viernes, 1 de agosto de 2008
flor de lágrima
Ante tanta frescura en el aire y porque a esas horas se vuelven caprichosas, para no quedarse fuera de ese concierto de aguas, es cuando lloran rocío las flores.
lunes, 28 de julio de 2008
viajera de ocasión
- Llévame contigo, me dijo.
- En el sur nunca he visto jaibas de tu tipo y las que hay, tienen afinidad con la cocina, es decir, generalmente terminan con una buena sazón. Es verdad, eres diferente, no te parecerás a ellas cuando grande, pero por las dudas, no es conveniente.
- Quiero conocer el mundo, insistió.
- La arena no es fina y blanca como ésta, las aguas son heladas, por eso del tal Humboldt, tu ya sabes, la corriente...además ¿dónde se ha visto una jaiba en avión?
Y tuve que explicarle sobre los aviones y las nubes, sobre la larga cordillera que cruza el continente de norte a sur y decirle lo que es la geografía. Incluso asegurarle que se molestaría con el acento, la entonación. No, pero ella insistía mirándome con ojitos de súplica, con su mejor expresión intransigente de jaibita adolecente.
Caminamos por la playa y ambas esgrimimos todo tipo de argumentos; a ella no le ponía contenta eso de correr todo el día por la arena buscando su agujero después que las olas la arrastraban y menos cuando los niños querían en un balde encerrarla.
Algunas veces tuvo inconvenientes con los cangrejos ermitaños cuando en la huida se encaramaba a sus casas. Es que soñaba con ser uno de ellos y crecer mudándose de caracol en caracol. Y por último, tenía miedo de los pájaros que se lanzaban en picada cuando llegaba la canoa del pescador.
Cuando se dio cuenta que me alejaba de la playa para volver a casa su expresión cambió y rápidamente mi pidió que le bajara. La arena seca quemaba pero no le importó, la cercanía de la geografía urbana, dijo y entonces tras una mirada rápida y un beso al vuelo, la pequeña jaiba saltó...se confundió con el color de la arena, ni una sola huella de ella quedó.
martes, 22 de julio de 2008
el puente
le instalaron un puente entre dos dientes, uno de esos que se asoman a la ventana de la sonrisa y que juegan con palabras y versos.
Se rumorea que por los bordes del puente se los ve rondar inquietos, también que cuando a ella no le llegan o los ignora se producen los suicidios de besos.
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Foto original, originally uploaded by dibufoto.
sábado, 19 de julio de 2008
sueños al amanecer
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miércoles, 16 de julio de 2008
la niña de guatemala
Cuando José Martí vivió en Guatemala por más de un año (►la historia), fue maestro en una escuela de niñas entre otras actividades que realizó.
Allí conoció a María García Granados. Después de algunos meses viajó a México para casarse y regresó con su mujer a Guatemala.
En mayo de 1878 la muchacha murió y en julio Martí y su mujer dejaron Guatemala.
En 1891 publica en los "Versos Sencillos" este poema que hoy suena como canción.
jueves, 10 de julio de 2008
ojos glaucos
Me pregunta con suave y pausada voz al otro lado del teléfono.
- Bien estoy
Y para despejar las dudas
- ¿Sí estás bien?
- Sí, estoy bien
Es que se aprende a seguir; que las cosas siempre se pueden resolver y las que no, ya se verá. Nada es tan grave si todavía se puede reir, llorar, emocionarse y sentir.
- Si, estoy bien. No te preocupes, aprendí a estar bien.
- ¿Vale la pena tanto trabajo por muy poca paga?
Eso me contaste uno de esos días en que salimos juntas, mientras regresábamos una mañana; te lo dijo él que era tan calmado y sereno, él que repartió alegría hasta los noventa y nueve años. Si, valió la pena porque te gustan las plantas y los cultivos.
Te recuerdo en cuclillas sacando cebollas de la tierra, escogiendo espinacas, recogiendo aguacates; claro que no te ayudaba, si me distraía seguramente con la forma de los tallos, de las hojas, con el viento...y tu tan paciente.
No, ya no te gustan los taxos y no porque tengan ese aroma único o porque sean agridulces o porque en otros lados les dicen curuba; tampoco porque sea una passifloraceae. No, es que de tanta cosecha, tanto seleccionarlos, repartirlos e inventar que hacer con su jugo ya no los quieres más, aunque todavía hay en el jardín una mata que crece y de la que cuelgan las flores rosadas de pistilo largo y los frutos alargados vestidos de amarillo pálido aterciopelado.
- ¿Que la mata la cuida él?
- Si, ya lo sé.
Como sé lo bien que se siente cuando vuelve la magia de sentarse en la tercera grada frente al piano y tu en él tocando a Chopin:
- taraa ta ta ta taa tiraa ta ta ta taa tarai ra ra ra ta ta
- Si, estoy bien. No te preocupes. ¿Cómo no voy a estarlo?
Imposible, si pienso en tí y escucho tu voz desde lejos y veo tus ojos, tus lindos ojos y entonces sonrío.
-Tus ojos son "glaucos"
- ¿Recuerdas que te lo dije muy segura?
- ¿Que de dónde sacaba esas tonterías?
La culpa fue de ese poema, el de "las glaucas ondas del abismo": "Hay tardes en las que uno desearía embarcarse y partir sin rumbo cierto y silenciosamente de algún puerto irse alejando mientras muere el día emprender una larga travesía y perderse despúes en un desierto y misterioso mar no descubierto por ningún navegante todavía".
- No, no recuerdo la puntuación. Sí que es "Emoción Vesperal" de Ernesto Noboa y Caamaño. Sí, que sólo entendí que la olas glaucas eran del mismo color de tus ojos.
Y está tu fortaleza; tu siempre serena y tranquila aun en las urgencias. Y también cuando preparabas sabores con recetas, precisas, perfectas...el ajillo, la trucha, el mousse de piña, los dulces de higos y de guayaba. El punto "cuando se ve el fondo de la olla" o el almibar de bolita flotando en el agua, la masa de pan para finados, la colada morada y la inmensa olla de fanesca (sin tomate, porque no se le pone tomate, eso dices)... o los helados de mora y obvio, de taxo.
- Si, estoy bien. No tienes que preocuparte. Me enseñaste a estar bien.
Ahora el tiempo es para que te preocupes más de ti misma, te cuides y te mimes. Para que disfrutes más de las lecturas, de los libros. Hace poco el, también por teléfono me decía
- Está leyendo, sólo lee...
Así ha sido siempre, tu descanso es sumida en la lectura, siempre con libros. Y tantas historias nos contaste de chicos. Cuántos autores leí porque tu los leíste.
- Es tiempo de leer más. Es tiempo de cuidarte. Prométeme que lo harás
No necesitas cansarte, no hace falta correr tanto ni imponerse tantas tareas. Es tiempo de juntos disfrutar más cada instante; que disfrutes sus mimos, sus cuidados como el disfruta de los tuyos. Si, es que son tan afortunados ambos, se tienen el uno al otro, siempre se han tenido.
-Si, estoy bien... si te sé bien.
domingo, 6 de julio de 2008
ver la lluvia caer
Nos sentamos a la mesa, me cuentas tus planes, te miro sereno y tranquilo como has sido siempre, y me produces más ternura que otras veces; me emociona saber como crees en la existencia, en el seguir haciendo el camino, en la vida en pareja a tus ochenta y un años.
Me encanta como se disfruta la tranquilidad y el silencio, el olor a tierra, el rumor de las ramas de esos nuestros árboles erguidos de tantos años.
Cosechamos limones, los tuyos sesenta y a mi me toca completar los trescientos noventa mientras tu recoges la acelga; ciento quince higos pongo en el canasto, los dos últimos al momento en que empieza el aguacero y corro para proponerte tomar, mientras llueve, algo caliente.
Recorro la casa de siempre con los ojos que tratan de evitar las lágrimas; una vez más quiero retener cada detalle, cada espacio, todos los árboles y las plantas; me quedo con el trino de algún pájaro sobre el nogal, con el aire ligeramente tibio y el color del cielo de la tarde que ya casi se va.
Le recogemos a ella, a mi madre, que nos espera. Me emociona verla contenta de su tarde de campo y de tu llegada, para ya juntos emprender la vuelta a Quito, igual como cada día desde hace cincuenta años emprenden la vida y vamos por la subida de Guápulo ... al llegar a casa sacamos los limones, los higos, la acelga y me traigo a estas lejanas tierras esa alegría tan básica, tan intensa y vital, tan tuya y de ella, como el olor de la lluvia en la tierra.
martes, 10 de junio de 2008
amiga querida
en el invierno eras feliz con un ramito de violetas.
En Santiago el invierno debe estar más triste porque te has ido y las violetas más intensas para despedirte.
Esta es una de las violetas de mi madre, de quien me dijiste muchas veces que te impresionó su dulzura.
En Quito hoy llueve como en invierno y por eso te regalo esta, una violeta de la ciudad que tanto quisiste, de esta tierra que te acogió en el exilio, en la que creció tu hija y nacieron dos de tus nietos. A la que diste tanto formando pintores, creando y trabajando también por los pobres. De esta ciudad que hiciste también tuya.
Aunque hoy no te habrán faltado ni te faltarán mañana los ramitos de violetas, mi querida amiga, mi maestra de dibujo, pero más que de dibujo de la vida, de consecuencia en las luchas, maestra de alegría, la que fuiste como otra madre, la que admiraba los dibujos de mi padre como el admira los tuyos.
No estaré para despedirte, pero me consuela el saber que mis hijas estuvieron porque te querían desde que nacieron.
No estuve hoy cuando tantos corazones se deben haber unido para no dejarte sola, para devolverte el cariño, la mano como tu la diste a tantos: los trabajadores, los exiliados que vinieron a estas mismas tierras, los perseguidos que estuvieron en tu pensamiento solidario, los pobladores que aprendieron creando a ser más libres, los mendigos de la calle, tus mendigos, esos que buscabas para hablarles, para que no tuvieran hambre, los que dibujabas para denunciar la injusticia.
Hoy deben ser muchos los que te acompañan en Santiago en tu despedida, tu hermana, tus hijos, tus nietos, los artistas, los pintores, los vecinos, los jóvenes, los niños, los de tu partido, los amigos de tantas luchas, los amigos de la vida, tus viejos y tus jóvenes amigos.
No estaré mañana para tu última despedida, por eso esta violeta, sencilla y bella como era tu vida, mi querida amiga Carmen Silva.
viernes, 6 de junio de 2008
siempre primavera
y florecen las orquídeas
y crece la flor de taxo (Passiflora mollisima L.), esa de pestilo largo
flor de taxo, originally uploaded by dibufoto.
junto a la flor de sambo (Cucurbita ficifolia)
mientras las rosas enanas se imponen a cualquier otra planta
con el mismo desparpajo de la tupirosa, es decir la perenne y típica lantana (Lantana camara) originaria del Brasil y que por todo el mundo anda.
jueves, 5 de junio de 2008
viernes, 30 de mayo de 2008
ciudad
hace dos días que camino por mi ciudad, despúes de poco más de un año, la de mi historia y mis raíces, en la que se pronuncia el idioma con todas las letras y sin aspaviento; la que mezcla las calles de adoquín con el pavimento.
La de la lluvia como diluvio que termina en una esquina para que brille el sol en la siguiente y donde el frío de altura, de dosmil ochocientos veinte metros ecuatoriales, lo tenía olvidado porque siempre me recibió con sus vestidos primaverales.
Hace dos días que siento a ésta mi ciudad, la de los cielos que empiezan donde terminan las calles que suben y que parece que se fueran a descolgar en las nubes; la que conserva lo colonial junto con lo nuevo.
No es aquella en la que vivo ya tantos años que suman más de los que vivi en ésta, esa que es como propia y que conozco tan bien. No, esta es la de mis amores más básicos, mis sentires históricos.
Ésta, la que se despierta exactamente a las seis de la mañana y oscurece con exactitud a las seis de la tarde, sin saber de estaciones ni calendarios y que al medio día no conoce de sombras por su habitar en la mitad del mundo y que sin escándalo se adorna de lomas, montañas y eternos nevados.
Un poco más de un año no es tanto, pero talvez siempre se sienta como tiempo largo.
martes, 27 de mayo de 2008
ciudad de otros
Te camino, te recorro lenta y pausadamente y siento como otros te hacen suya andando por tus rincones, por tus calles frondosas de árboles de verano y esqueletos tristes de invierno.
Te camino, te miro y también te sonrío, pero no llego a amarte como amo a la mía; tu abrazo acogedor no me alcanza, no me llena del todo aunque te disfruto y te siento, porque también me perteneces día a día. Te tengo confianza y me conmueven sin asustarme tus dramas y tus historias oscuras.
Y por más que quiero y lo intento, no puedo todavía sentirte mía...
cuando sea grande
miércoles, 21 de mayo de 2008
reloj
ciudad de otros (*)
Te camino, te miro y también te sonrío, pero no llego a amarte como amo a la mía; tu abrazo acogedor no me alcanza, no me llena del todo aunque te disfruto y te siento, porque también me perteneces día a día. Te tengo confianza y me conmueven sin asustarme tus dramas y tus historias oscuras.
Y por más que quiero y lo intento, no puedo todavía sentirte mía...
(*)Estoy en las vísperas de ir a la mía y he traido desde ese otro espacio.
sábado, 17 de mayo de 2008
llama
No se llama flama, ni candela; se llama llama.
Aunque los que saben de ciencia le dicen "lama glama" llama se llama. La más andina de los Andes, la más serrana de todas, de lana fina, de ojos de almendra grande; esbelta y doméstica. La más bella y cercana.
La de la leyenda Inca que nació del enojo de Viracocha, el dios indignado por el amor prohibido de una pareja de enamorados y que cuando mira lo hace, segun el mito, con ojos de mirada humana, sin disimular el orgullo de provenir del Incario.
martes, 13 de mayo de 2008
en el muelle
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Marzo 31. No puedo precisar la hora; en el muelle no hay gente y hace días que no me sirve el reloj.
Me arreglo el gorro, me protejo las orejas. En el horizonte se esbozan sombras de barcos que se alejan. Siempre quise trabajar en uno, pero mi pierna inútil me lo impidió.
Miro hacia atrás, un hombre se acerca; su figura joven se contrapone con el rostro pálido y envejecido y cojea de la pierna derecha . Cuando estamos frente a frente siento algo así como un metal helado que recorre mi espalda, intento hablarle pero siento su mirada fría e intensa que no me deja.
En el horizonte, ya no se distinguen los barcos y el sol se oculta dejando una estela luminosa dorada.
Enfrento al hombre y me veo a mi mismo, enjuto y frío. Hoy es el último día, sumo la vida, los amores y también los sinsabores. Es el momento de hacer presente este, el último recuerdo.
Caminamos al infinito el hombre y yo, fundidos en un rayo de sol.
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Enfrento al hombre y me veo a mi mismo, enjuto y frío. Ahora comprendo que el salto desde el muelle fue fatal; ahora sólo queda recoger este último recuerdo.
Marchamos al infinito, el hombre y yo, fundidos con el último rayo de sol.