El frío ese que atraviesa el corazón cuando la desilusión se hace compañera, por ejemplo, con la llegada de las vacaciones de los otros que vacían la ciudad ahora calurosa, adormecida y también más cercana y en un contexto de ideas lentas, el aire helado se transforma en un cálido remanso para el alma.
Ese tono amarillo del verano permite sentir con mayor precisión como poco a poco se recupera el sentido y el control interior y otorga la posibilidad de ver lo que se vivió en perspectiva, con tranquilidad y con una fuerza visceral que al potenciarse permite recuperarse interiormente.
En el verano, así como las flores nuevas, algo parecido a la alegría parecen brotar de color amarillo y eso...parece que es bueno

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