Si despiertas en la mitad del sueño de otro y te das cuenta que tu historia es el libreto de su sueño ¿lo despiertas para hacerte presente o guardas silencio a que no despierte para llegar hasta el final?
(1 de abril de 2009)
Si despiertas en la mitad del sueño de otro y te das cuenta que tu historia es el libreto de su sueño ¿lo despiertas para hacerte presente o guardas silencio a que no despierte para llegar hasta el final?
(1 de abril de 2009)
Hace exactamente dos años, a estas horas, estábamos oficialmente en cuarentena "por un par de semanas, tal vez", sin imaginar siquiera que en la vida de todos se iba a normalizar la virtualidad, el hablar con caracteres, el mirarnos en pantallas; atenorizados, enfermos, añorando a los que ya no están, a la espera de poder regalar de nuevo abrazos, con la duda de si se podrá y sin la confianza de antes; sin atrevernos siquiera a decir, en voz alta, ojalá...
Desde el día que se parte a otro destino para quedarte en él te conviertes en migrante y aunque se regrese al origen se sigue siendo migrante. A los códigos del país de nacimiento se suman otros, a las vivencias un cúmulo de nuevas, diversas, intensas y más aún si los años vividos en otro lugar superan en muchos los vividos en el país de origen.
La vida aquí estaba marcada por el tono rojizo del té de riubarbo y su sabor agrio; mi abuela lo cultivaba y lo que me hacía ilusión al viajar a vivir en Chile era saber que allá se daba, pero no sabía que sólo en la zona austral. Alguna vez llegó de Punta Arenas dulce de riubarbo y fue la felicidad total.
Nada más rico, adictivo, distractivo e inútil que comer pipas...¿sera por eso, y para no aburrirse, que los girasoles se dedican a encerrar sus semillas en sobrecitos duros y alargados?
La música es como la vida. Cada uno elige, es algo muy profundo.
Es sentir, reir, emocionarse, ponerse triste también; es vibrar al descubrir sonidos y redescubrir otros.
Es tan vital como la vida y por eso es tan necesario poder elegir qué escuchar.
Cuando casi toda la vida has usado un sólo nombre con el que te identificas, pero para los que te conocieron desde chica y los parientes siempre tendrás nombre compuesto.
Entre el duermevela y el desvelo desperté con la viva imagen de Jorge López Vidal, había soñado con él.
Era una especie de plaza rodeada de tiendas y talleres y en uno de ellos me lo encontraba. Que pintaba el escenario para una obra, dijo.
Caminamos hacia la barra de un bar y con un vaso de vino en la mano hablamos largamente de muchas cosas como pasa muy de vez en vez cuando alguien, como él, ya vive en otro plano.
Hablamos de teatro, de los compromisos, de sus obras, del disco de Mederos que le presté y al partir a Baires me dejó con alguien en Santiago, de cuando le vi a Mederos tocando para la Varela ahí cerquita en la Trastienda, del saber tomar decisiones importantes y vitales como el dejarlo todo para empezar de nuevo, o como el partir a probar suerte a la tierra que se le llama propia, pero que con el pasar de los años es tan ajena como lo son sus habitantes.
Me llamaba "muchacha", como siempre, mientras pedíamos otro vaso de vino. Regresamos al taller, me pasó las pinturas y me pidió que pintara algo sobre su proyecto de escenario de 50x70 horizontal. Impregné mis dedos de pintura verde caqui con amarillo cadmio y pensando para mis adentros que el cadmio oxida, pinté el pasto en la parte frontal de su escenario.
Que estaba bien, dijo, mientras partía del sueño y yo volvía al desvelo.
Creo que esa fue la despedida al amigo, esa que estaba pendiente.
Los cumpleaños invitan a regalarse, no a esperar regalos. invitan a pensar en nosotros mismos, en qué hemos hecho y en qué queremos estar.
